Las amenazas de Donald John Trump

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Por: Adrián Alvarado

Donald Trump amenaza con imponer un 5% de aranceles a las mercancías elaboradas en México que pretendan comercializarse en Estados Unidos. De manera paulatina se irá incrementando hasta un 25% si México no resuelve el problema de migración.

Es otro capítulo de la llamada guerra económica y las políticas proteccionistas que amenazan con generalizarse producto de la crisis económica del capitalismo, socavando aún más el dogma del libre comercio y la llamada economía de mercado. Por lo visto la mano invisible que regula el mercado capitalista en periodos turbulentos se torna inexistente.

Nuevas medidas proteccionistas

En la tarde el 30 de mayo en la Cámara de Senadores en México se estaban afinando los últimos detalles de la nueva versión del Tratado de Libre Comercio, el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (USMCA, por sus siglas en inglés/ T-MEC) cuando el presidente norteamericano dio un manotazo sobre la mesa, fiel a su estilo, aludiendo al problema migratorio, mediante un tweet anunció:

El 10 de junio, Estados Unidos impondrán un arancel 5% a todos los bienes que entran en nuestro país desde México, hasta el momento en que los migrantes ilegales que vienen a través de México y a nuestro país PAREN. La tarifa aumentará gradualmente hasta que se solucione el problema de la inmigración ilegal.

Posteriormente en un comunicado emitido por la Casa Blanca afirmó que los aranceles se incrementarán en un 10% al 1° de julio hasta llegar a un 25% el 1° de octubre.

Esta medida es una especie de castigo debido a que México no ha podido detener el tráfico migratorio hacia la frontera norte, lo cual lo pone en el rango de seguridad nacional, militar, económico y humanitario.

Como en otras ocasiones equiparó a los migrantes con delincuentes, contrabandistas y traficantes de personas.

Estados Unidos ha sido invadido por cientos de miles de personas a través de México y han entrado al país de manera ilegal, que llegan a través de México y entran ilegalmente a nuestro país. Este flujo sostenido de indocumentados tiene profundas consecuencias en todos los aspectos de nuestra vida nacional, abrumando nuestras escuelas, saturando nuestros hospitales, drenando nuestro sistema de bienestar, social y causando cifras incalculables de delitos. Miembros de pandillas, contrabandistas, traficantes de personas y drogas ilegales y narcóticos se están filtrando por nuestra frontera sur y directamente a nuestras comunidades.

Hay un punto de convergencia en la cuestión económica de limitar el ingreso de las mercancías y de los migrantes a territorio estadounidense: la idea de Donald Trump de “proteger”, a la economía nacional, la producción de las empresas que radican en los Estados Unidos, los empleos generados en el país y evitar “que los extranjeros ocupen lo que no les corresponde”. Busca una especie de introversión en la política y la economía estadounidense, buscando con ello salvar primero a los de casa y dejar en segundo término todo lo que proviene de lo exterior, ante la crisis económica del capitalismo que tiene repercusiones mundiales.

Este tipo de políticas no son nuevas, fueron implementadas por los gobernantes y la clase dominante norteamericana tras el crash económico de 1929, cuyas consecuencias fue la profundización de la Gran Depresión.

Cuando el presidente Hebert Hoover ganó las elecciones contó con una cómoda mayoría legislativa, lo cual le permitió aprobar la Ley Smooth-Hawley, la cual consistió en imponer una serie de aranceles de manera unilateral para que, en teoría, lograra una recuperación económica de los Estados unidos a costa de los países vecinos.

Las consecuencias fueron desastrosas, el comercio internacional se contrajo; las importaciones norteamericanas de Europa se redujeron a un tercio de 1,334 millones a 390 entre los años 1929 y 1932; las exportaciones, en otro tercio, de 2,341 a 784 millones (Departamento de Estado). La producción industrial se derrumbó un 46% en EE UU (y un 42% en Alemania). El PIB de EE UU se redujo en un 26%, al bajar de 1.06 billones de dólares en 1929 a 0.78 billones en 1933 (de acuerdo con el US Bureau of Economic Analysis). El comercio mundial decayó en un 66% entre 1929 y 1934. El remedio del proteccionismo resultó peor que la enfermedad cuyo origen radica en el capitalismo.

La historia podría repetirse 90 años después, pero ahora con una economía más interrelacionada a nivel mundial y con un presidente impredecible al frente de la nación más poderosa del mundo.

Por otro lado, la respuesta del gobierno mexicano no se hizo esperar. En la noche del 30 de mayo Andrés Manuel López Obrador envió una carta al presidente de los EE.UU. Rechazando las medidas arancelarias y pidiendo el diálogo como solución a la problemática migratoria, además anunció que el canciller Marcelo Ebrard acudiría a Washington con la finalidad de buscar un acercamiento con el gobierno norteamericano. En dicha carta se señala:

¿Cómo convertir de la noche a la mañana al país de la fraternidad para con los migrantes del mundo en un gueto, en un espacio cerrado, donde se estigmatiza, se maltrata, se persigue, se expulsa y se cancela el derecho a la justicia a quienes buscan con esfuerzo y trabajo vivir libres de miseria? La Estatua de la Libertad no es un símbolo vacío…

La respuesta a la petición de diálogo por parte de Donald Trump es enfática:

México está enviando una gran delegación para hablar de la frontera. El problema es que han estado “hablando” durante 25 años. Queremos acción, no hablar. Podrían resolver la crisis fronteriza en un día si así lo desean. De lo contrario, nuestras empresas y puestos de trabajo regresarán a Estados Unidos.

En todo este periodo de intercambios discursivos y en las redes sociales que ha acaparado la atención de una buena parte de la población en México, diversos sectores sociales han manifestado su apoyo a Andrés Manuel López Obrador. Por un lado el sano instinto anti-imperialista de millones de trabajadores y jóvenes reaccionan con indignación ante la provocación de Trump, por otro lado grandes empresarios y políticos burgueses también han llamado a cerrar filas en torno al gobierno, sin duda este llamado tiene de fondo la defensa de sus ganancias, privilegios y negocios.

AMLO ha llamado a la unidad nacional, pero ¿es posible?

Los efectos para la economía mexicana

México es el mayor socio comercial de los Estados Unidos, la economía mexicana está atada mayoritariamente al vecino del norte. Durante los primeros tres meses del presente año la cifra de comercio fue superior a los 150,000 millones de dólares, de acuerdo a IHS Markit Global Trade. Durante los meses de enero a noviembre del 2018 se exportaron mercancías por un valor de 328 mil 59 millones de pesos, lo que representa el 79.4% de las exportaciones totales, las cuales representan un 32% del Producto Interno Bruto de México.

Pero donde genera mayor preocupación es en la industria automotriz, las exportaciones en este rubro durante el 2018 tuvieron un valor de 92 mil 659 millones de dólares, al igual que el resto de las exportaciones, el 80% de éstas van a parar a los EE.UU. En término de volumen, el año pasado se enviaron más de 2.5 millones de vehículos, lo que representa el 66% de autos que se hacen en México.

El 5% de aranceles representaría un monto de 18 mil millones de dólares. Dicha cifra representa alrededor del 1.5% del PIB de México. Si se concreta en octubre el imponer el 25% de aranceles, la cifra alcanzaría los 90 mil millones de dólares lo que representaría el 7% del PIB.

Una medida así, complicaría el panorama económico en nuestro país, entraríamos en un periodo de franca recesión económica, de la cual ahora mismo ya hay síntomas, particularmente en el sector de la industria y de las ventas al mayoreo, las cuales llevan dos trimestres con puntos negativos. De hecho, algunos analistas ligados al banco BBVA, sitúan la perspectiva de crecimiento económico para el 2019 en 1%.

Fuera de lo que se pueda creer, las principales mercancías que cruzan la frontera, aparte de productos provenientes de la agricultura, incluyen automóviles, componentes electrónicos, pantallas, televisiones y computadoras; las cuales cruzan incluso hasta seis veces la frontera, debido al proceso de ensamblaje, antes de ponerse a la venta en los propios Estados Unidos Los aranceles acabarían con esas cadenas de suministro y ensamblaje.

Aunque algunos productos provenientes de la agricultura mexicana pueden no ser reemplazables en el mercado estadounidense, los cuales aumentarían de costo e impactaría en el bolsillo de los trabajadores norteamericanos, mercancías como el cemento, plástico, textil, industria química, industria del acero y calzado podrían reemplazarse por productos propios estadounidenses, poniendo en aprietos a estos sectores de la industria mexicana.

¿Quién perdería más ante una esa situación y ese panorama económico? Cualquiera sabe que cuando la situación económica entra en complicaciones los grandes capitalistas recargan la crisis sobre las espaldas de los trabajadores, los cuales cargaremos fundamentamente las consecuencias de las medidas de Donald Trump. Los grandes empresarios siempre encontraran la forma de mantener su tasa de ganancia, reduciendo salarios, prestaciones, conquistas laborales, enviando al desempleo a miles de personas.

Los principales afectados de las provocaciones de Trump, no seriamos los mexicanos en general, sino los trabajadores y nuestras familias.

¿Unidad nacional?

Después del anuncio de Trump empresarios, gobernadores y políticos del PRI han hecho un llamado a cerrar filas con AMLO, el cual ha respondido con un llamado a la unidad nacional para afrontar las posibles negociaciones con el gobierno norteamericano.

Entre los mensajes de apoyo se encuentra el del hombre más rico del país: Carlos Slim y el de las principales organizaciones empresariales: el Consejo Coordinador Empresarial y la Confederación Patronal de la República Mexicana, quienes han recurrido a mensajes llenos de patriotismo y nacionalismo pidiendo una posición enérgica ante las provocaciones de Trump.

Pero el patriotismo de estos señores llega hasta donde comienzan sus negocios, en realidad su llamado a “defender el interés nacional y la soberanía”, es un llamado a defender sus ganancias y riquezas.

De hecho los trabajadores mexicanos, la juventud y las mujeres progresistas y revolucionarias sabemos hasta donde llega la postración de la mayor parte de los empresarios y políticos burgueses mexicanos ante los intereses del imperialismo norteamericano.

Durante años han sido cómplices del saqueo a los trabajadores y a las riquezas de nuestro país y de la explotación por parte de las empresas trasnacionales. Hoy hipócritamente apelan a la unidad y a la defensa de la patria y la soberanía.

Por otro lado, cuando los millones de trabajadores y jóvenes honestamente llaman a la defensa de la soberanía nacional, están apelando a su sano instinto anti imperialista. Su visión parte de la no explotación de los recursos naturales por parte de las empresas tranacionales, a detener el saqueo y la explotación por parte de los imperialistas, de los cuales son socios los grandes empresarios mexicanos que hoy llaman a la unidad nacional.

Los intereses de los grandes empresarios y de los trabajadores son contrapuestos, nada podemos esperar de aquellos que en un momento de crisis económica o de recesión la cargaran sobre nuestras espaldas, aquellos que han sido cómplices del imperialismo, de las empresas trasnacionales y del saqueo de nuestras riquezas y recursos naturales.

Los empresarios mexicanos no han dudado ni un momento en reducir los salarios, recortar prestaciones y mandar a las filas del desempleo a millones de personas en un periodo de estancamiento económico. ¿Qué en común podemos tener los trabajadores con ellos?

La única manera de detener a Trump es aliándonos como clase trabajadora, explotados y oprimidos de ambos lados de la frontera en México y Estados Unidos, donde por cierto hay millones de trabajadores migrantes mexicanos que ahora mismo sufren la política xenófoba del lunático de Donald Trump.

Debemos apelar a un proceso de movilizaciones en México y Estados Unidos para detener estas provocaciones y amenazas imperialistas.

No hay salida bajo el capitalismo

La clase dominante mexicana y sus gobiernos de derecha han convertido a México en una colonia económica del imperialismo estadounidense, durante décadas se beneficiaron de los acuerdos comerciales con EE.UU. y Canadá, paralelamente el campo mexicano fue devastado, la poca industria nacional desmantelada, provocando empleos precarios y la migración masiva.

Los grandes empresarios y banqueros nacionales, también son co-responsables de la tragedia de millones de trabajadores del campo y la ciudad y de negarle un futuro digno a los jóvenes, mientras ellos se enriquecían a costa de nuestro trabajo y de los contratos turbios que obtenía vía sus gobiernos del PRI o el PAN.

La situación económica se ha agravado tras la crisis mundial del 2008, de la cual aún sufrimos consecuencias y secuelas.

Sin embargo, la conciencia de millones de personas ha comenzado a transformarse, un primer paso fue el proceso de ruptura en el terreno electoral con los partidos más identificados con los intereses de la burguesía: el PRI y el PAN, para buscar una alternativa diferente a los actuales problemas sociales y económicos.

El gobierno de López Obrador representó la esperanza de cambios radicales en el terreno social y económico, sin embargo no significa que el proceso se detenga ahí, seguirá avanzando con diversos altibajos, miles de personas están buscando una salida radical a la crisis social y económica por la que atravesamos.

El capitalismo no nos ofrece alternativas, el libre comercio o el proteccionismo son modelos de un mismo sistema, en donde la explotación de la clase trabajadora no se elimina.

La mayoría de los burgueses se quejan de que Donald Trump ha venido a socavar la globalización y el libre mercado con sus políticas proteccionistas, un articulista del New York Times se queja amargamente que “lo que está atacando es más grande que cualquier país.. Está desafiando el consenso posterior a la Segunda Guerra Mundial acerca de que el libre comercio enriquece al mundo” (Así se libra la guerra comercial en el mundo, 31 de mayo de 2019).

La mayoría de las clases dominantes no ve vida más allá del modelo neoliberal, de la defensa del libre comercio y la globalización, lo ponen como el mejor mundo posible y los mejores logros de la civilización y la humanidad. Pero incluso eso ocurre entre algunos sectores de la izquierda y dirigentes del movimiento obrero.

Ante esa situación vale la pena aclarar cuál es el punto de vista de los socialistas.

Federico Engels, ya desde 1847, escribía:

La cuestión del libre comercio o proteccionismo se sitúa enteramente dentro de los límites del actual sistema de producción capitalista, y no tiene, por lo tanto, ningún interés directo para nosotros, socialistas, que queremos acabar con el sistema. Se aplique el proteccionismo o el libre comercio, al final no habrá ninguna diferencia.

Y aunque Carlos Marx argumento que el libre comercio al proteccionismo permitía mayor facilidad en el desarrollo de las fuerzas productivas, siempre señaló que ningún modelo eliminaba las contradicciones de clase que el sistema capitalista genera:

Resumiendo: ¿qué es el librecambio, en el estado actual de la sociedad? La libertad del capital. Una vez que hayaís suprimido las contadas trabas nacionales que aún entorpecen el libre desarrollo del capital, no habreís hecho otra cosa que dejar a éste en plena libertad de acción.

Mientras dejeís en pie la relación entre el trabajo asalariado y el capital, por muy favorables que sean las condiciones en que puedan cambiarse unas mercancías por otras, siempre habrá una clase explotadora y otra explotada. Le cuesta a uno realmente trabajo comprender la pretensión de los librecambistas, quienes se imaginan que un empleo más ventajoso del capital habrá de desaparecer el antagonismo entre capitalistas industriales y trabajadores asalariados. Por el contrario, lo que en ello se conseguirá será que resalte con claridad todavía mayor que ahora la contraposición de estas dos clases.

Más adelante menciona:

Señores no se dejen impresionar por la palabra libertad. ¿Libertad para qué? No se trata de la libertad de un individuo con respecto a otro. La libertad que se invoca es la que reclama el capital para poder aplastar al trabajador.

La crisis del sistema es profunda, los trabajadores no podemos poner esperanzas en tal o cual modelo económico, necesitamos construir una alternativa política que cuestione las bases del capitalismo para construir una sociedad más justa e igualitaria, donde la explotación y la desigualdad sea cosa del pasado, una sociedad donde la gran industria, la banca y el comercio estén en manos de la mayoría de la sociedad y no de un puñado de personas.

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