Irán: entre la revolución y el oportunismo Imperialista, ¡la decisión es del proletariado!
León E. Alcántar
2026 ha abierto con una serie de eventos colosales en todo el mundo: el imperialismo estadounidense ha pasado a la ofensiva con Trump a la cabeza, atacando Venezuela y amenazando con hacer lo mismo en México, Colombia y Cuba; en Yemen, dos países imperialistas árabes han abierto fuego contra él; mientras tanto, en Irán se ha encendido un potente fuego, un fuego que podría convertirse en revolución. Las últimas semanas, hemos visto que lo que empezó como pequeñas protestas en Teherán el mes pasado, rápidamente se han convertido en una insurrección.
Los levantamientos iniciaron tras la caída histórica de la moneda iraní, el rial. Irán lleva mucho pasando por una profunda crisis capitalista que ha llevado a una altísima inflación, pobreza generalizada a lo largo de la república y escasez de productos básicos en el mercado. Lo anterior sólo ha hecho más visibles las contradicciones del sistema, pues ha llevado a que los obreros y las juventudes observen con indignación cómo las élites capitalista y burócrata vinculadas al régimen han continuado enriqueciéndose, particularmente de las ganancias de la industria nacionalizada del petróleo, riqueza de la que, sin embargo, el pueblo iraní no se beneficia.
Las protestas en los bazares teheraníes, mayormente estudiantiles, fueron rápidamente reprendidas por el régimen islámico con fuerza letal, acrecentando la rabia y la radicalización entre las masas; extendiendo las protestas a unas 46 ciudades, incluyendo las regiones étnicamente kurdas, donde se ha observado mayor organización obrera por medio de huelgas. Las actualizaciones del país —que se dificultan por la decisión gubernamental de cortar el acceso a Internet— han mostrado que los muertos se cuentan entre miles y que los insurrectos han tomado control de algunas ciudades, como Abdanan. Queda claro que es un movimiento masivo y que nace de un descontento genuino de la clase trabajadora, sin embargo, el trabajo de los marxistas no es sólo solidarizarse con un pueblo en lucha, sino advertir sobre la necesidad de que dicha revolución tome el camino correcto: no una revolución por la democracia dentro del marco capitalista y sea cooptada por la burguesía y el imperialismo, sino una revolución encaminada hacia el socialismo, volviéndose así permanente.
Ante la situación, los imperialistas occidentales, tan oportunistas como siempre, salivan por la caída del régimen islámico y sueñan con la restitución del régimen del Estado del Sha derrocado en 1979 —un títere obediente a los intereses anglo-estadounidenses que entregue todo el petróleo iraní—. Los medios occidentales, ondeando la bandera del león imperial, predican propaganda a favor del régimen preislámico, diciendo interesarse en los derechos de las mujeres para vestirse sin imposiciones retrógradas y recibir educación no segregada, derechos democráticos que se ven seriamente vulnerados en la actual República Islámica. Dicha “nostalgia” por el régimen Pahlaví es un mero estratagema del imperialismo occidental —que no tiene problema en apoyar a los Emiratos Árabes, Arabia Saudita, Qatar o Bahréin—, interesado no en los derechos de las mujeres, sino de la sumisión de las naciones a su orden global.
La Casa Blanca ya ha declarado que está lista para intervenir y «ayudar» al pueblo iraní a derrocar la dictadura, lo cual sólo puede significar la imposición de un gobierno sumiso al imperialismo. Israel, férreo enemigo del régimen islámico, también ha demostrado interés en los levantamientos. Simultáneamente, Reza Pahlaví, hijo del último Sha iraní, ha salido a declarar su interés en la «transición democrática» hacia una restitución al régimen de su familia.
Ante esto, es necesario recordar que la caída del Estado Imperial fue un levantamiento masivo y popular contra un régimen que se permitía usar el terror y la más violenta de las represiones hacia sus ciudadanos por medio de su policía secreta tras haber proscrito toda oposición al partido del Sha (sugerimos leer el artículo La revolución iraní de Ted Grant en marxismo.mx). Sin embargo, debido a la falta de una vanguardia proletaria, la revolución dio origen al ascenso de una nueva dictadura de orden teocrático que, aunque trajo consigo cambios progresistas como la nacionalización del petróleo, ha demostrado ser un Estado reaccionario que protege a una élite capitalista y que no ha titubeado en ceder ante el imperialismo ruso y chino. Nos posicionamos en contra de la actual República Islámica, pero no a favor del anterior Estado Imperial. Los comunistas buscamos la creación de un Estado de y controlado por los trabajadores iraníes, que obedezca a sus bases y no al clero, que socialice los incontables recursos del país para el beneficio de todos sus habitantes y que vele por derechos igualitarios para las mujeres. ¿Cómo lograr eso?
Debemos entender que el movimiento masivo iraní se levanta por demandas por derechos democráticos, contra la teocracia y el autoritarismo, contra la corrupción y la mala administración económica. El movimiento iraní tiene la capacidad de convertirse en una «revolución democrática», sin embargo, la experiencia histórica, y particularmente la experiencia iraní, ha demostrado que los derechos plenamente democráticos (la libertad política, la autodeterminación nacional, la liberación de la mujer y la erradicación de la pobreza) no pueden conseguirse plenamente bajo la dirección ni de la burguesía nacional, la misma clase que se posiciona a la cabeza del sistema económico que permite la explotación, ni mucho menos del imperialismo estadounidense, la fuerza más reaccionaria en el esquema global, que sólo sabe dejar un rastro de saqueo y muerte adonde vaya. Lo anterior vuelve fundamental exigir una independencia de clase para el proletariado y advertir del peligro de que el movimiento sea cooptado por los imperialistas.
En esto radica la importancia de entender la teoría de la Revolución Permanente de León Trotski: detener la revolución en su «fase democrática» sólo prepararía el terreno para una nueva derrota para una restauración del autoritarismo y una subordinación al imperialismo estadounidense. La clase obrera iraní es hoy la única fuerza social capaz de llevar la revolución hasta sus últimas consecuencias en vez de estancarse en la «primera fase» y ser cooptada: no sólo acabar con la teocracia y corrupción, sino con toda forma de opresión a través del socialismo, pero lo anterior sólo es posible si se rechaza la influencia imperialista, se rechazar a Trump, a Mossad y a Pahlavi mediante la independencia de clase. Hoy el proletariado iraní tiene en sus manos la tarea de pasar de la protesta espontánea a la organización revolucionaria en torno a consejos obreros, asambleas y sindicatos con un programa que ligue la caída del régimen con la expropiación de la burguesía, el control obrero de la economía y la planificación socialista de los recursos nacionales, y no sólo eso, sino encender la llama del socialismo que puede arder por todo el Medio Oriente.
¡Ni el Sha ni el Ayatolá,
Revolución Socialista ya!
