La condena de Marine Le Pen a cinco años de inelegibilidad para cargo público, con ejecución inmediata, es un terremoto político cuyas réplicas y efectos serán considerables. El día anterior a esta condena, una nueva encuesta situaba a Marine Le Pen muy por delante de todos sus competidores en las elecciones presidenciales. Hoy, la líder de la Agrupación Nacional (RN) está descartada, quizás definitivamente, de la próxima carrera hacia el Elíseo.
A la izquierda, muchos dirigentes se alegran de ello, defienden la supuesta «independencia de la Justicia» y machacan que Marine Le Pen está «sujeta a juicio como los demás». Esto es triplemente erróneo.
La «justicia» burguesa no es independiente. La mayoría de las veces, los explotados y oprimidos son los que pagan las consecuencias de la parcialidad de clase de esta Justicia. Pero a veces también puede intervenir en los conflictos políticos internos del bando de la burguesía. Eso es lo que pasó ayer. Marine Le Pen no es «sujeta a juicio como las demás»: es una política burguesa, riquísima y defendida por eminentes abogados, pero cuyo ascenso se ha visto interrumpido por una sentencia eminentemente política.
Esta sentencia no va a debilitar al RN; al contrario, lo va a fortalecer, al igual que Donald Trump se vio fortalecido por los innumerables juicios que la burguesía «liberal» estadounidense le entabló, con la vana esperanza de impedir su reelección. Si el futuro inmediato de Marine Le Pen, a título personal, está seriamente comprometido, sus millones de votantes —y, más allá, millones de explotados que odian a los viejos políticos «tradicionales»— sacarán la conclusión de que el Rassemblement National es, decididamente, «el enemigo del sistema». Eso es falso, por supuesto. Pero no serán las grotescas declaraciones sobre la «independencia de la justicia» las que les hagan cambiar de opinión.
Esto es tanto más evidente cuanto que de lo que se acusa a Marine Le Pen no es del tipo de corrupción, con «enriquecimiento personal», de la que tantos políticos son notoriamente culpables, sin haber sido nunca seriamente molestados por la «justicia independiente». Se acusa a Marine Le Pen y sus acólitos de haber utilizado a su antojo, en beneficio del RN, la financiación de sus asistentes parlamentarios en el Parlamento Europeo. «¿Y qué?», se preguntarán muchos votantes del RN (y más allá): «¡Es parte del juego! Y, de todos modos, ¡al diablo con el Parlamento Europeo y su infernal burocracia!».
En el fondo, este terremoto político es una nueva expresión de la crisis de régimen del capitalismo francés. Cuando una fracción del aparato estatal burgués interviene de manera tan decisiva en la vida política del país, es señal de que los mecanismos tradicionales mediante los cuales la clase dirigente asegura su dominación están en crisis. De hecho, toda la «democracia» burguesa sale aún más desacreditada. Por eso, desde ayer al mediodía, varios políticos burgueses protestan enérgicamente contra la sentencia dictada y sugieren formas de anularla. De hecho, no está descartada su anulación.
En lugar de balar estúpidamente sobre el tema de la «independencia de la justicia», los dirigentes de la izquierda y del movimiento obrero deben explicar el significado y las implicaciones políticas de la condena de Marine Le Pen, como acabamos de hacer nosotros. Sobre todo, deben ofrecer una alternativa de izquierda radical al populismo de derechas del Rassemblement National, que es un enemigo implacable de la clase trabajadora. Solo una poderosa movilización extraparlamentaria de la juventud y los trabajadores, basada en un programa de ruptura con todas las políticas de austeridad, permitirá frenar realmente el ascenso del RN.