EZLN y Morena La unidad de la izquierda y la necesidad de un programa socialista

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Escrito por Rubén Rivera

Ha iniciado el año 2017, México tiembla en sus centros no por el sonoro rugir del cañón sino porque una crisis orgánica azota al conjunto de nuestra sociedad y amenaza con hacerlo estallar en pedazos. El régimen de la post revolución entro en fase terminal en 1988 pero ya desde 1982 hacia agua por todos lados a tal grado que los hombres de negocios, la oligarquía mexicana decidió pasar la estafeta en 2000 al PAN el cual “gobernó” hasta el 2012, año en el que un nuevo PRI, más rapaz, corrupto y cinco retomó los hilos del gobierno para continuar hasta sus últimas consecuencias el desmantelamiento de la economía mexicana para someterla al Dios “mercado internacional”. El cual, como muchas otras deidades es caprichoso y cruel, para aplacar su ira, los sacerdotes del capital, suelen como sus ancestros sacrificar seres humanos, regiones, comunidades enteras.

Si partimos de 1988 en 2018 se cumplirán 30 años de la aplicación de este nuevo culto al capital en el poder, en estos mismos años se pude acusar a las masas trabajadoras de muchas cosas menos de no luchar, cada vez que han tenido la oportunidad de alzarse lo han hecho y han puesto a temblar al régimen, al menos en el terreno electoral 1988 y 2006 fueron testigos de claros fraudes y 2012 vivió una nueva crisis que no fue más allá por la determinación de AMLO de que así fuera.

En terreno no estrictamente electoral las luchas de resistencia han abarcado todos los sectores, han sido de todo tipo, desde las grandes movilizaciones inspiradas por el levantamiento del EZLN, hasta los grandes movimientos sindicales, estudiantiles y campesinos, incluyendo la organización de las autodefensas.

El movimiento expresado en torno la lucha electoral ha logrado en dos ocasiones de forma evidente ganar las elecciones, no obstante tanto Cárdenas en 1988 como López Obrador en 2006, han optado desinflar la lucha por miedo a que esta se desborde, ante la opción del sistema o las masas han optado por el sistema, han optado por ser bomberos del régimen cuando lo que se necesitaba era un enterrador. El discurso de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) cuestiona al régimen, lo tacha de corrupto y en cierta forma busca que cambie para bien del pueblo, pero en cada oportunidad que tuvo, prefirió evadir el problema del único poder que realmente puede hacerlo llegar a la presidencia: el poder de las calles.

En este proceso el PRD ha sido hecho a un lado, no tanto por AMLO mismo sino por el propio movimiento, sería un error mayúsculo para el propio AMLO creer que las masas le ofrecen un cheque en blanco que puede cambiar cuando quiera y que todo consiste en no hacer enojar a la oligarquía para que esta lo deje llegar a la presidencia. Si las masas algo quieren de él es que acabe con el régimen y en la medida de que no se presente como un genuino elemento de cambio simplemente no lo seguirán.

En el caso del movimiento zapatista, este surgió con una clara orientación política revolucionaria pero en una trascurso de siete años (1994-2001) fue reduciendo se espectro de acción, desde la perspectiva nacional a la claramente étnica, de la lucha contra el mal gobierno a la lucha por la supervivencia. En suma el evadir la cuestión del poder los ha llevado también a una política de no confrontación. De hecho desde el 2006, con el lanzamiento de la “otra campaña”, se estableció en la práctica una acción puramente destinada a la subsistencia, el discurso anticapitalista, del que se ha nutrido, al estar carente de contenido se ha convertido en sólo palabras para justificar la inacción y la indiferencia ante la gran mayoría de problemas nacionales.

Para ser francos, luego del fracaso de la caravana hacia la ciudad de México que culminó con la aprobación por el congreso de unas leyes de cultura indígena que no sirvieron para nada, en el 2001, durante el sexenio de Fox, las iniciativas del EZLN han tenido como principal objetivo dar tareas para agrupar o reagrupar a sus simpatizantes en el plano local, regional, nacional e internacional. Especialmente respecto a la “otra campaña”,el objetivo ha sido el EZLN, no México, no la lucha contra el capitalismo, no la creación de un mundo donde quepan muchos mundos. Los caracoles, las juntas de buen gobierno y todo lo que le ha seguido no fueron mecanismos de ruptura con el régimen, sino de convivencia con él. Si como afirmamos el objetivo de las iniciativas del EZLN ha sido el propio EZLN podemos decir que en ese punto han tenido éxito, si el EZLN no es un fin en sí mismo y surgió con el objetivo de transformar la sociedad podemos decir que su práctica durante, al menos 15 años, ha contravenido esa tarea

En todos estos casi 30 años las masas se han defendido como han podido, en todo este proceso ha habido momentos heroicos, que quedaran grabados en la historia de los explotados, pero todas han carecido de una propuesta política que cuestione al régimen, lo que les ha impedido trascender y, a larga, ha permitido que tarde o temprano el programa político burgués se vaya imponiendo poco a poco

Ahora llegamos a este 2017 y tanto el EZLN, como Morena (expresión más sana del movimiento en el terreno electoral) se acercan a la coyuntura hablando del cambio, de la trasformación haciendo lo mismo que han hecho los últimos 15 años. En los momentos en que escribimos estas líneas las masas trabajadoras a lo largo y ancho del país se han rebelado con motivo de la lucha contra el aumento de los combustibles, si hay dos referentes para darle contenido político a esta lucha, para romper la lógica puramente defensiva son Morena y el EZLN. Y ¿Cuál es su actitud? Andrés Manuel sólo acierta a proponer firmar un acta de buenos deseos para el 2018, algo así como un llamado a misa; de su parte del EZLN guarda un ruidoso silencio.

El 13 de octubre del 2016 el Congreso Nacional Indígena (con el visto bueno del EZLN) propusó como alternativa ante el mal gobierno y sus políticas el hacer una consulta para impulsar una candidatura indígena y femenina. Por supuesto la propuesta creó polémica dentro de algunos círculos, muchos de ellos preocupados por el papel de “la otra campaña” en 2006, cuyo efecto más significativo fue descalificar la candidatura de AMLO.

Creemos que el peso que pudiera tener una candidatura independiente estas alturas, sería poco significativo, los simpatizantes del CNI-EZLN, individuos y colectivos, no simpatizan con AMLO ni votarán por el postúlese o no una candidata CNI-EZLN, por otro lado, pese a que dentro de Morena hay mucha simpatía hacia en neozapatismo, es poco probable, especialmente cuando la coyuntura se acerque, que no opten por votar por AMLO.

Por supuesto, muchos activistas del movimiento, los que más sentido común tienen, consideran que lo mejor es dejarse de sectarismos y que se proceda a buscar una candidato de unidad en torno al que más posibilidades tenga para enfrentarse a los candidatos de la oligarquía.

No obstante incluso esto no sería suficiente, un programa nacionalista anticorrupción o un programa de preservación de comunidades originarias son cualquiera de los dos, incluso si se integrasen, evidentemente insuficientes. Se requiere unidad pero con un programa claramente anticapitalista, es decir socialista: expropiación de los grandes monopolios, sector financiero, bancario, bajo el control democrático de los trabajadores, disolución del actual parlamento y creación de una asamblea de poder popular basada en las masas organizadas, sustitución del ejercito por el pueblo armado, etc.

También Peña Nieto habla de unidad, la unidad de la izquierda para defender un programa capitalista no se diferenciaría mucho. Es necesario ir más allá, poner el dedo en la llaga.

Incluso la organización de foros en todo el país, en cada colonia, en cada escuela, barrio, fábrica, sobre el tipo de programa que una candidatura de unidad requiere sería incluso más importante que la propia candidatura.

En ese sentido y con este objetivo seriamos los más entusiastas impulsores de una candidatura de unidad.

La situación actual del país, las movilizaciones, la lucha contra el régimen que se sintetiza en la frase “fuera Peña Nieto”, incluso la amenaza de Donald Tromp, lo exige.

Sería muy lamentable que tanto el EZLN como AMLO hicieran oídos sordos, sería triste que el EZLN se conformará con darles tareas a sus simpatizantes para aglutinarlos y hacerlos reafirmar su identidad zapatista.

Seria decepcionante que nuevamente AMLO se concentrara sólo en buscar votos tratando de quedar bien con Dios y con el Diablo, porque lo más probable es que quede mal con ambos.

Para el movimiento la opción de la unidad es natural, es el camino, siempre y cuando se funde en una ruptura con el status quo.

La revolución mexicana tiene que será ruptura histórica, una avalancha que avasallará a aquéllos que se le opongan o intenten frenarla.

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