El Salvador: la adquisición de nueva deuda ¿quién pagará?

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La crisis generada por el Covid-19 y la situación de pánico internacional ha establecido las condiciones para conseguir, sin casi ningún cuestionamiento, la aprobación de una deuda de grandes magnitudes para el Estado salvadoreño. Que el gobierno de El Salvador busque endeudamiento no ha sido una sorpresa, de hecho es el plan principal que tienen para acabar con los problemas fiscales del país, ante la ausencia de políticas estrictas contra los empresarios millonarios y sus ganancias. Este nuevo préstamo por $2,000 millones le dará un respiro al gobierno de Bukele para enfrentar la crisis, pero una vez pase la emergencia las consecuencias las tendrá que pagar el conjunto de la clase trabajadora con creces. ¿Esto se pudo haber evitado o había otra alternativa? Los marxistas creemos que sí, y trataremos de explicarlo en el presente artículo.

La nueva adquisición de deuda

El jueves 26 de marzo, la Asamblea Legislativa aprobó dar luz verde a la financiación de $2,000 millones de dólares en concepto de deuda ante la Emergencia Nacional por el Covid-19, y fue votado por todas las bancadas de los partidos políticos, sin excepción, argumentando la necesidad del endeudamiento por las condiciones a las que nos ha sometido la pandemia que ha puesto de rodillas a poderosos gobiernos alrededor del mundo.

Actualmente, la deuda pública alcanza el 70 % del PIB nacional ($19,854.43 fuente BCR) y este año pagaremos en servicio de deuda, intereses de deuda anterior, alrededor de 1,102 millones de dólares. Para que nos hagamos una idea, este monto es mayor que lo presupuestado en Salud y Educación para el 2020. También tenemos que tener en cuenta que estos mil millones de dólares son solo pagos por intereses y no la deuda en sí, la deuda en sí es totalmente impagable; si tomamos en cuenta todo el dinero que se ha pagado solo en intereses, hemos pagado la deuda no una sino hasta tres veces repetidamente. Este es el gran negocio de los organismos internacionales con los países que se endeudan, y una de las formas clásicas del capitalismo para salir de sus crisis.

Las medidas contra el Covid-19

La deuda de 2,000 millones de dólares según los políticos servirá para financiar los programas de prevención y tratamiento del virus, se utilizará también como medida de contención de los daños a la economía de las familias más pobres. Algunos de los programas que el gobierno impulsará y pagará con los fondos de esta nueva deuda son: la cuota de $300 dólares a las familias más pobres del país; el financiamiento para el hospital temporal en CIFCO adecuado para atender los casos de Covid-19; la creación de un fondo de liquidez para las micro, pequeñas y medianas empresas afectadas; y también se tiene contemplado inyectar un porcentaje de dinero a las alcaldías para el desarrollo de proyectos municipales.

El Diario de Hoy lo resume de esta manera: “Según el decreto se determina que el 70% se destinará para el programa de transferencias monetarias directas a hogares económicamente vulnerables, cubrir las deficiencias del presupuesto 2020 generadas por el COVID-19 e incorporar los recursos al Presupuesto General del Estado 2020”.[1]

Algunas de las medidas anunciadas e implementadas por el gobierno y la Asamblea Legislativa en los decretos por emergencia nacional son medidas que serán un alivio a las condiciones de vida de los trabajadores y evitarán muertes y contagios relacionados con el COVID-19, apoyamos la contribución económica a las familias y la construcción del hospital provisional, el apoyo y rescate a la pequeña y mediana empresa, etc. pero criticamos seriamente la forma en que estos gastos de emergencia sanitarias serán financiados, ya que la alternativa que el gobierno eligió, permite que quienes paguen los platos rotos de esta crisis sean los más pobres del país.

Deuda: pan para hoy hambre pa´mañana

Desde nuestro punto de vista la adquisición de nueva deuda con los organismos internacionales puede traer consecuencias catastróficas para la economía familiar, si bien es cierto, que traerá un alivio momentáneo a las familias obreras, no podemos dejar de señalar que en el futuro nos pasará una factura enorme que seguramente impulsará al gobierno a desmantelar las instituciones estatales que brindan los pocos derechos constitucionales como salud, educación, vivienda, acceso al agua, entre otras.

Una familia desempleada o subempleada recibirá un incentivo de 300 dólares en esta emergencia, el propietario de una pequeña empresa recibirá un crédito para paliar los problemas financieros actuales, y hasta aquí todo marcha bien. Pero los problemas se expresarán en los siguientes años, cuando el presupuesto del gobierno se vea disminuido por las obligaciones de deuda financiera, como ya hemos explicado antes, normalmente los estados pasan décadas pagando intereses generados por el crédito de los grandes bancos. Cada vez la deuda se hace más y más insostenibles y los gobiernos comienzan a recortar los presupuestos de salud, educación, etc., para conseguir los fondos necesarios para pagarla, afectando directamente a la clase trabajadora.

Para El Salvador, por tener una economía históricamente raquítica, ha sido siempre imposible brindar niveles de vida dignos a sus ciudadanos a través de las contribuciones al Estado y a la vez cumplir con el pago de los intereses de deuda. Decir lo contrario es una total falacia. Normalmente los políticos y presidentes nos dicen que vendrán tiempos mejores, que las calamidades como estas son pasajeras, que pronto creceremos económicamente lo suficiente como para pagar la deuda y brindar salud y educación desde el Estado, pero eso nunca ha pasado, resulta ser tan solo un cuento de hadas que ya no nos tragamos tan fácilmente.

La nueva adquisición de deuda significará en el futuro recortes en el sistema de salud, en el sistema educativo y en el acceso a nuestros derechos. Supongamos que el Estado en enero próximo (2021) estime tener 6 mil millones de dólares para su presupuesto nacional similar al que presentó para el 2020, este dinero deberá distribuir en cada área estratégica de sus carteras de Estado, pero cada cartera recibirá menos dinero porque buena parte del mismo sera para pagar la deuda anterior y la nueva deuda que se esta adquiriendo.

¿Cuánto puede ser el monto de intereses por la nueva deuda?

Si ya pagamos $1,102 millones en servicio de deuda anterior, podríamos sumarle unos 200 millones de dólares o más a este servicio, monto que significa actualmente casi una tercera parte del presupuesto que recibió en 2020 el sistema de salud ($755.78) ¿Cuánto podríamos hacer con esto en materia de salud para la clase obrera? Clínicas médicas, hospitales en municipios pequeños, adquirir medicamentos, etc., pero no, todo este dinero se tendrá que regresar al bolsillo de los banqueros, mientras miles de trabajadores están siendo condenados al padecimiento de enfermedades crónicas o incluso la muerte, con un sistema de salud precario.

Todo lo que los bancos nos dan ahora tendremos que pagarlo mañana multiplicado por 3 o 4 veces, a costa de disminuir el presupuesto para garantizarnos servicios y derechos básicos. Según estimaciones de Panorama Económico es posible que las tasas de interés actualmente estén en 10 % y 11 % lo que significará adquirir una deuda con altos costos de en intereses. La adquisición de más deuda no resolverá ninguno de nuestros problemas, al contrario solo complicará las cosas, creando una burbuja que explotará tarde o temprano.

¿Quiénes deben pagar esta deuda?

En los momentos de calamidad la burguesía se lanza a una ofensiva mediática por intentar dar un mensaje de unidad nacional, intentan hacernos creer que los empresarios millonarios es gente de bien que procura nuestro bienestar, no dejando ningún resquicio para que se interpreten de manera lúcida las grandes diferencias entre ellos y la clase trabajadora, de allí que, para insistir en este mensaje, Bukele invita a Murray Meza a una de sus conferencias de presa. En esta falsa propaganda burguesa, el gobierno del Estado nos hace creer que cualquier deuda adquirida en estos momentos será saldada con el esfuerzo de todos y todas, empresarios y clases trabajadoras, pero en realidad no hay nada más falso que esto. Sin embargo, la vida práctica desnuda totalmente estas diferencias frente a los ojos de los trabajadores, las vuelve más palpables y evidentes.

Según datos del Ministerio de Hacienda, nuestro sistema tributario ideado por la misma burguesía para poder sacar hasta el más mínimo beneficio a los asalariados y beneficiar a las grandes empresas, obliga a que el 87% de los ingresos tributados sean pagados por la clase trabajadora y solo un 13% sea pagado por las grandes empresas. Así por cada 100 dólares de impuestos que el Estado recibe las empresas pagan solo $13 y los trabajadores $87. Una lógica totalmente perversa.

Al analizar esta lógica de recaudación de impuestos, los trabajadores deben concluir que quienes cargarán con el pago de los $2,000 millones de dólares, y el siguiente préstamo que se venga, no serán los grandes empresarios, sino los trabajores mismos, a acosta de la disminución de nuestra capacidad adquisitiva; es decir, nuestro salario se verá disminuido por el aumento de impuestos o porque tendremos que pagar más por salud, vivienda, agua o educación.

¿Cómo creemos los marxistas que se puede financiar el programa de emergencia ante el Covid-19?

A pesar de todos los esfuerzos y medidas que se han tomado para contener el virus, El Salvador no está preparado para una emergencia como la que nos ha mostrado el Covid-19 a nivel mundial. Desde el inicio de esta situación como BPJ hemos exigido medidas radicales para poder preparar las condiciones necesarias de salud para el pueblo salvadoreño. Sin embargo, esas medidas que exigimos chocan con los intereses mezquinos de los capitalistas, esta es la principal piedra de tropiezo de la salud de la población en el momento actual. Nuestras propuestas son:

Combatir la evasión y elusión fiscal de las grandes empresas

Todo el financiamiento de un plan integral de contención se puede hacer impulsando medidas drásticas. Tenemos que partir de las actuales condiciones del sistema de salud del país, que solo han sido posible a través de una recaudación tímida de impuestos a los grandes capitales. Según el Diario El Mundo, en 2016 se registraron mas de $1,500 millones en evasión y $1,000 millones más o menos en elusión fiscal por parte de las grandes empresas. Podría decirse que, año con año, las empresas eluden y evaden unos $2,000 millones de dólares al Estado aproximadamente.

Hasta hoy el gobierno de Bukele no ha implementado ninguna reforma tributaria para que esto se resuelva, a pesar que fue una promesa de campaña. Por el contrario, en diciembre pasado el mismo gobierno condonó $600 millones a las grandes empresas, millones que debían en concepto de impuestos. Todo este dinero perfectamente podría haberse invertido en hospitales, en camas hospitalarias, en clínicas médicas, en medicamentos, en fortalecer todo el sistema de salud. Pero no fue así, se les perdonó ese dinero y ya.

Por tanto, como medida drástica, exigimos una reforma fiscal revolucionaria que imponga impuestos a los bienes suntuosos de los ricos, donde paguen más los que tiene más, el cobro inmediato de toda la deuda fiscal de las grandes empresas y que todo este dinero vaya a las arcas del sistema de salud y a las demandas de emergencias por el Covid-19. La deuda no debería ser necesaria cuando tenemos un puñado de ricos viviendo a costa de nuestro sudor en montañas de dinero.

Reorientación de fondos de ministerios no esenciales y la reducción inmediata de salarios de los altos funcionarios del Estado

En diciembre y enero conocimos el aumento desmedido a los de los Ministerios de Defensa ($172 millones, 18.4% de aumento) y Seguridad ($474 millones, 11 % de aumento) además de los $22.55 millones en publicidad, mayor que otros ministerios como Trabajo, Vivienda y Medio Ambiente. Consideramos absurdo que el gobierno tenga que endeudarse hasta las narices sin mover ni un solo centavo de estas carteras de Estado que suelen ser innecesarias. Exigimos la reorientación proporcional de estos fondos al ramo de salud, para garantizar nuestra salud y nuestras vidas, basta de derroche en burocracia y propaganda gubernamental innecesaria.

La reducción de salarios a los grandes funcionarios es una medida que el gobierno también podría implementar, no es posible que se diga ser un gobierno del pueblo y para el pueblo, cuando tenga funcionarios ganando hasta 10 salarios mínimos al mes, mientras el pueblo sobreviva en condiciones precarias de salud. Esta no es una medida descabella, países como Uruguay[2] han empezado a implementarla, creemos que es necesaria emularla en esta crisis y creemos además debería ser para siempre. Exigimos la reducción de los salarios de los funcionarios de media y alta categoría a por lo menos tres salarios mínimos desde ya. ¡Basta de seguir manteniendo parásitos del Estado a costa de nuestros impuestos!

Nacionalización y control de la industria farmacéutica

La industria farmacéutica ha sido una de los sectores productivos más exitosos de los últimos años en el país, como lo mencionábamos en un artículo anterior, solo en el periodo 2013 a 2018 según IMQUIFARM las farmacéuticas habían reportado 200 % de rentabilidad y sus inversiones se expandía a nivel centroamericano, siendo Laboratorios Vijosa la número uno del sector. Todo esto desde luego a costa de la mayor explotación de la clase obrera. ¿Es posible que ahora estas farmacéuticas no puedan ponerse al servicio de la clase trabajadora cuando ya han tenido jugosas ganancias?

El desabastecimiento en los hospitales ha sido por años una constante demanda de todos los usuarios del sistema de salud público. Sin embargo, esto contrasta con las ganancias de las empresas. En este orden ilógico vemos como un trabajador puede morir en la banca de un hospital o en su casa esperando por el medicamento que le puede salvar la vida, mientras las empresas cuentan año con año sus niveles de rentabilidad, esta es la lógica del libre mercado, esta lógica no puede seguir así, el Estado debe tomar esta industria bajo su control y ponerla a disposición de la clase obrera, al interés de la salud de la clase obrera. ¡Basta de hacer un negocio con nuestros padecimientos! ¡Medicamentos gratuitos para los productores de la sociedad!

Nacionalización de las clínicas y hospitales privados

Casi la misma lógica se desarrolla con el sistema de salud privado, mientras al sistema de salud en el país se le adjudica un monto pírrico del 2.7 % del PIB, el crecimiento de las ganancias de los hospitales privados y clínicas privados resulta indirectamente proporcional al desarrollo integral que debería tener el sistema público.

Según datos de la Organización Panamericana de la Salud, OPS, contamos apenas con 1 cama hospitalaria por cada 1,000 habitantes. Si las proyecciones del presidente se cumplen, esto quiere decir que pronto tendremos miles de infectados que no podrán ser atendidas en condiciones adecuadas y por lo tanto, estarían condenados a la muerte. Es cierto que se prepara un hospital en el Centro Internacional de Ferias y Convenciones, pero eso como bien lo ha dicho el presidente: en primer lugar no estará listo hasta dentro de 2 o 3 meses y, en segundo lugar, no dará abasto para el nivel de infectados que tendremos. ¿Qué hacemos ante esto, esperamos el colapso del sistema con los brazos cruzados viendo a los trabajadores morir?

No, lo que se tiene que hacer es poner a disposición del pueblo trabajador todo el sistema de salud privado y público, esta es una medida a la que los países están recurriendo, como por ejemplo Irlanda y recientemente México que han nacionalizado su sistema de salud.

Según la OPS, en el país hay 39 hospitales privados y 44 hospitales públicos, el gobierno debe tomar todo esta capacidad instalada para ponerla al beneficio de la clase trabajadora, esta es la única alternativa para salvar las vidas. La propiedad privada y los intereses capitalistas de los burgueses no pueden sobreponerse a la vida de cientos o miles de personas, es hora de las medidas drásticas.

Conclusiones

El virus que nos azota no fuera tan peligroso si el mundo estuviera preparado previamente para contrarrestarlo, pero absurdamente los capitalistas no invierten capital en la investigación de este tipo sino están seguros que obtendrán rentabilidad inmediata. Ahora vemos como al capitalismo le importa un comino la vida de la clases obrera y nos condenan ahora a la barbarie.

La economía de mercado que reina en nuestra sociedad está destinada para generar rentabilidad y no para solventar las necesidades de la clase obrera; en una economía planificada bajo el socialismo la industria podría estar planificada para poder solventar nuestras necesidades, elevando así inmediatamente nuestros niveles de vida, invirtiendo en salud, educación, vivienda y recreación con la riqueza socializada y producida por la clase obrera.

Debemos redoblar nuestra lucha contra este sistema inhumano luchando por el socialismo, pues hasta hoy es la única alternativa científica capaz de superar el salvaje capitalismo.

¡No al pago de la deuda externa!

¡Aumento inmediato al ramo de salud al 5%!

¡Reforma fiscal revolucionaria que pague más lo que tienen más!

¡Nacionalización y control obrero de la industria farmacéutica, clínicas y hospitales privados ya!

¡Por medidas drásticas contra el Covid-19!


El autor es miembro del Bloque Popular Juvenil, sección salvadoreña de la Corriente Marxista Internacional.

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