Actualmente no es muy complicado notar que las cosas que acontecen a nivel nacional e internacional, y que no son pocas, se vinculan a la crisis del sistema capitalista e innegablemente a la lucha de clases, sí, a la lucha de clases. Porque por más que se hagan esfuerzos sobrehumanos para eliminar “esos términos”, la realidad es necia, y golpea la nariz de forma contundente.
Los esfuerzos que se realizan empiezan por la confusión y la desacreditación de los términos, con el fin de desmovilizar a las masas proletarias. Incluso se han sacado de la manga a la clase media, como una forma de “hacer creer” a los trabajadores de una supuesta movilidad social, cuando no existe tal cosa. Por otra parte, también han surgido los “emprendedores”, quienes son sus “propios jefes” y, sobre todo, “trabajan para su sueño y no para el de alguien más”.
Sin embargo, por más que se les quiera dar otro nombre, Marx y Engels nos han dejado en el Manifiesto del Partido Comunista una definición muy clara y concreta, y que, además, si se ajusta a la realidad: “Por proletarios se comprende a la clase de los trabajadores asalariados modernos, que, privados de medios de producción propios, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder existir.”[1]
Según esta definición, un proletario es aquel trabajador que no posee nada más que su fuerza de trabajo, es decir, “el conjunto de las condiciones físicas y espirituales que se dan en la corporeidad, en la personalidad viviente de un hombre y que éste pone en acción al producir valores de uso de cualquier clase”[2], y por lo cual recibe un pago (salario).
Como podemos observar, un proletario es aquel trabajador que produce valores de uso de cualquier clase y que recibe una remuneración económica, o, dicho de otro modo, para formar parte del proletario no necesariamente se tiene que trabajar en una fábrica como obrero, simplemente hay que trabajar y recibir un salario.
Para dejarlo más claro, la “clase media” por mucho que tenga un nivel de vida superior a la media de los trabajadores asalariados, tiene que vender su fuerza de trabajo, ya bien sea en un banco, en una tienda departamental, siendo guía de turistas o cualquier otro trabajo que realice y del cual obtenga un pago. Durante los booms del capitalismo, éste se permite mejorar los salarios, la inflación es baja, hay pleno empleo, por lo que pareciera que existe una movilidad entre clases, sin embargo, eso es un espejismo, porque si bien los trabajadores profesionistas mejoran su calidad de vida, eso no les quita el carácter de proletarios, y, sobre todo, la brecha con la pequeña y gran burguesía no se acorta en estos periodos, por el contrario, se hace más grande.
Por su parte, los “emprendedores”, son una forma de maquillar la falta de empleo, las pésimas condiciones laborales que viven cotidianamente los trabajadores, en otras palabras, un emprendedor es un trabajador precarizado, pues no tiene acceso a un salario regular, ni tampoco tiene prestaciones, como aguinaldo, vacaciones, así como tampoco servicios de salud. Y por mucho que a algunos les vaya muy bien, y obtengan ganancias en su emprendimiento, siguen sin poseer los grandes medios de producción , un elemento clave para “ser parte” de la burguesía.
Otro aspecto que se toma en cuenta para decir que el proletariado ya no existe es el número de trabajadores sindicalizados, pero eso es una falacia, porque recientemente empresas como Walmart, llama a sus trabajadores “socios”, y les da un porcentaje mínimo de las acciones de la empresa, de esa forma al ser considerados “socios” no se pueden sindicalizar; también tenemos el caso del empleo informal, que en nuestro país se ha incrementado bastante en los últimos años, por ejemplo, los bazares o los vendedores en el transporte público, también son trabajadores, pero que han buscado alternativas ante sus necesidades económicas.
En conclusión, se puede mencionar que lo que ha buscado la burguesía y sus esbirros, es hacer una división artificial entre los distintos trabajadores del campo y la ciudad, pues como también se menciona en el Manifiesto:
“(…) la burguesía no ha forjado solamente las armas que deben darle muerte; ha producido también los hombres que empuñarán esas armas: los obreros modernos, los proletarios.
En la misma proporción en que se desarrolla la burguesía, es decir, el capital, se desarrolla también el proletariado, la clase de los obreros modernos, que no viven sino a condición de encontrar trabajo y lo encuentran únicamente mientras su trabajo acrecienta el capital. Estos obreros, obligados a venderse a trozos, son una mercancía como cualquier otro artículo de comercio, sujeta, por tanto, a todas las vicisitudes de la competencia, a todas las fluctuaciones del mercado.”
Así que haciendo a un lado todas las falacias y los espejismos que el capitalismo impone, tenemos que notar que la clase trabajadora tiene una enorme fuerza, la cuestión está en hacerse conscientes de esa fuerza y ponerla en marcha, algo que la burguesía teme y con mucha razón.
[1] Marx, Carlos y Federico Engels. El Manifiesto del Partido Comunista. Centro de Estudios Socialistas Carlos Marx, México, 2011. Pp. 30.
[2] Marx, Carlos. El Capital. Tomo I. Fondo de Cultura Económica. Duodécima reimpresión. Colombia. 1976. Pp. 121.