Un huelum de justicia para Edith, Anayetzin y Marichuy

Contra los feminicidios: ni una menos

Escrito por: Fanny Casillas Ilich

La ola de violencia que vive el país está ardiendo en todos lados, casas, calles, centros de trabajo incluso en las universidades, hay datos de feminicidios como el caso de Lesvy Orozco estudiante de la UNAM que fue asesinada en CU el año pasado. El IPN no es la excepción, al menos desde el 2014 han ocurrido 3 casos de feminicidios claros sin embargo las autoridades lejos de posicionarse de manera solidaria y colaborar en la investigación o en todo caso repudiar los hechos ocurridos que tienen que ver con la comunidad politécnica y el país entero, hace invisible la situación y en un caso específico hasta pareciera cómplice de este crimen de odio como lo es el feminicidio.

La intención de escribir este artículo es el de sacar a la luz el caso de tres compañeras que nunca regresaron al salón de clases y que la escuela en donde ellas estudiaban no dio muestra alguna de interés al respecto de estos hechos, demostrando la negligencia del gobierno y de sus instituciones para garantizar nuestra seguridad o nuestra propia vida.

El huelum mi último suspiro: el caso de Edith Gutiérrez, la compañera que luchó en la huelga del IPN

Edith Gutiérrez era estudiante de la Escuela Superior de Comercio y Administración, en el Casco de Santo Tomás, 22 años. Tenía un hijo pequeño, por las tardes trabajaba y pese a ello en el momento en que estalló la huelga del 2014 en el IPN no dudó un momento en la necesidad de la organización y lucha contra la imposición de Reglamento Interno que planteaba privatizar el carácter público del IPN, además de estar en la primera fila de las movilizaciones por la aparición con vida de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. En diciembre del 2014, tan solo días de terminada la huelga del IPN fue encontrada sin vida en Iztapalapa con golpes, le asfixiaron y además estaba atada en plena calle fuera de su casa, como exhibiendo la lección de vida que le dieron a Edith, por si no fuera eso suficiente la averiguación previa que tuvo el folio FIZP/IZP-6/T1/4838/14-12 a la que tuvieron acceso, peritos identificaron que fue víctima de un ataque sexual. Pese a ello el delito no fue clasificado como un feminicidio y le dieron línea de homicidio calificado. No se sabe hasta ahora si alguien resultó en proceso por el delito cometido contra Edith.

El caso de Anayetzin Damaris Fragoso: víctima de la violencia machista.

Anayetzin Damaris apenas había terminado de estudiar Control y Automatización, tenía un empleo en ingeniería con 26 años, decidió salir con Omar Octavio Arreola sin saber que este sería el feminicida que le pondría fin a su vida. En diversas ocasiones Omar Arreola ya la había agredido, sin embargo en una sociedad en donde permea el machismo con tanta naturalidad Anayetzin no sintió que su vida estuviera en peligro. El pasado octubre salió a encontrarse con él y esa fue la última vez que verían con vida a Ana, con 16 puñaladas Omar Arreola, la dejó en un clóset en su departamento ubicado en la colonia Lindavista en la delegación Gustavo A. Madero de la Ciudad de México.

Pese a que e asesino se fugó fue encontrado en Guanajuato, actualmente se encuentra en el Reclusorio Norte, esperando la sentencia definitoria por el delito de feminicidio.

El caso de Marichuy: feminicidio disfrazado de suicidio

El pasado 24 de enero de 2016, María de Jesús Jaime Zamudio, estudiante de la ESIA Ticomán falleció en el Hospital Álvaro Obregón de la Ciudad de México a causa de una caída que ocurrió en el departamento donde rentaba en Ticomán. El 15 de enero de ese mismo año Marichuy como le decían sus amigos, asistió con base a mentiras a una comida en donde se encontraba el hasta ahora actual profesor del IPN Julio Ivan Ruiz Guerrero y en complicidad de Daniel Galván estudiante de la ESIA Ticomán, forzaron a Mary para llevarla a un lugar privado.

Investigaciones, testigos, incluso Mary ya había comentado que Julio Iván Ruiz profesor de Mary la acosó, la reprobó y la presionó por medio de sus calificaciones y que Daniel Galván quien también la acosaba de manera sistemática, terminó siendo coautor del feminicidio de Marichuy.

Las investigaciones por parte de la fiscalía iniciaron desde que Marichuy ingresó al Hospital Balbuena, en donde se acreditó que no se trató de un suicidio como Mario Monterrubio insistía, pese a que no se encontraba el día de los hechos, sin embargo trato de hacerle creer a la madre de Mary que así había ocurrido.

Después de una investigación se ha podido concluir que además de que llevaron esa noche a Mary a un lugar a cenar con base a mentiras, también sabemos que fue privada por la fuerza de su celular, que la llevaron a su departamento, Julio y Daniel Galván trataron de abusar de ella, motivo por el que salió a la ventana a gritar para que la escucharán y así sucedió, narran vecinos. Luego, se encontró gravemente herida por la caída de un 5° piso del que Julio Iván Ruiz y Daniel lq aventaron, no sin antes agredirla sexualmente.

Hasta ahora no hay ninguna persona bajo proceso por el feminicidio, las autoridades de suicidio lo pasaron a homicidio simple y luego a doloso, sin embargo, Julio César sigue activo en el IPN al igual que Galván quien pese a que tiene orden de presentación, es día en el que no ha declarado frente al Ministerio Público. Incluso los feminicidas se han dedicado a hostigar a la mamá de Mary burlándose de que nadie le hará caso y comentándole que ya supere la muerte de su hija.

Negligencia en el IPN

En los tres casos de feminicidio Enrique Fernández Fasschnat se ostentaba como Director General del IPN, y en los tres casos ni él ni el IPN se pronunciaron para ayudar a esclarecer el caso, repudiar el asesinato a miembros de la comunidad politécnica o implementar medidas dentro del IPN, frenar la violencia sistemática a mujeres o contra el acoso escolar para la generalidad de estudiantes. En cambio, su gestión se dedicó a amedrentar a los sectores más democráticos del IPN, a cooptar a la entonces Asamblea General Politécnica hasta reducirla en un grupúsculo que se dedicó únicamente a pactar en lo oscurito acuerdos sobre las espaldas de estudiantes, trabajadores y profesores.

En las escuelas del IPN se han creado redes de género que se supone deberían canalizar y atender todas las problemáticas que derivan en la violencia hacia compañeras o compañeros, sean estudiantes o trabajadores. Sin embargo cuando se acusa o se presenta una denuncia de acoso, las autoridades vía fast track lo envían al Consejo Técnico y a la Comisión de Honor. Está lejos de resolverse la situación mantiene de manera impune y solo fomenta hostigamiento a la víctima que se exhibe para ser blanco de agresiones, por ello, a diario estudiantes deciden no denunciar todo tipo de hostigamiento para evitar tengan repercusiones psicológicas, morales incluso hasta académicas.

Los 3 feminicidios no son los únicos que tiene sobre sus espaldas el IPN, hace dos años un estudiante de la vocacional 9 fue responsable del feminicidio de una joven en Tlatelolco, además de las decenas de denuncias entre pasillos o que se frenan en los consejos técnicos, sobre acoso de propios estudiantes, de profesores no sólo a mujeres sino a hombres o incluso a la comunidad LGBTTTIQ.

Pese que en la UNAM en donde han permeado actos de violencia a compañeras y a la comunidad universitaria en general y sus medidas no han resultado de mucho. El protocolo de género ya estaba en marcha cuando asesinaron a Lesvy Orozco y aún asi la responsabilizaron de su propio asesinato. El caso del abuso sexual hace unas semanas a una estudiante del CCH vallejo en los baños de la cafetería cibarium o el de una estudiante que también fue abusada antes de las 7 am en la Escuela Nacional de Trabajo Social. Desde entonces se han aumentado las medidas como colocar botones de pánico en los baños, sin embargo, estas medidas no impiden que las agresiones continúen.

¿Qué hacer entonces?

Insistimos que la violencia de género es un indicador de la violencia generalizada, pese a que la primera se ha desarrollado de manera sistemática y en los últimos años ha traído una situación insostenible para el país, es evidente que las escuelas no escapen de esta realidad llena de violencia, abusos y asesinatos. El caso de la chica que asesinaron a plena luz del día en Reforma 222 muestra claramente que la situación no se mantiene en los hogares como tradicionalmente se expresaba la violencia machista, sino que alcanza aristas en la sociedad en los espacios públicos como lo son las escuelas y centros de trabajo.

Exigimos además que el IPN deje de ser complice de feminicidas como en el caso de Marichuy, por el castigo a los responsables del feminicidio de Marichuy.

Implementar protocolos, tomar medidas rosas no cambian de ninguna manera en el fondo la problématica porque estas solo están maquillado y evadiendo el origen de la violencia hacia las mujeres que tiene raíz en la sociedad dividida en clases sociales y que requiere del confiscamiento de las mujeres en los hogares y las aparta de la vida colectiva, demeritando o haciéndola ver como parte secundaria de la vida política, económica, cultural y social y no a la par de todos. Esto no es motivo para entender que la batalla es exclusiva de las mujeres o que la lucha tiene que ser contra los hombres. En realidad la lucha tiene que ser contra el Estado capitalista ya que es este ente el que dicta la política en las familias, escuelas, iglesias y demás instituciones sobre el machismo y el papel secundario que supuestamente ellos tienen las mujeres aunque lo disfracen con discursos equitativos o racionales. Es además el Estado capitalista quien mantiene la estructura de doble explotación a mujeres con el trabajo doméstico y la jornada de trabajo de una mujer proletaria. Cuando con la riqueza que hay bien podría el Estado asumir las tareas que impiden que mujeres participen en la vida colectiva poniendo guarderías públicas, comedores comunitarios públicos, asignando trabajadores asalariados que sostengan está estructura y no que recaiga en las espaldas de las familias trabajadoras. En cambio el salario es precario, la brecha salarial entre hombres y mujeres es alta, la discriminación a mujeres embarazadas o con hijos es grande, el discurso de la mujer obediente y sumisa se traslada en una especie ley moral que si no se cumple puede llegar hasta la muerte de mujeres que son ajusticiadas por ser indecentes o inmorales según dicta el estatus del Estado hacia la sociedad.

Necesitamos formar una estructura de compañeras que deseen organizarse, discutir, y luchar contra todo tipo de violencia hacia la mujer y la comunidad LGBTTTIQ con un programa de lucha que nos vincule con las tradiciones del movimiento estudiantil en el IPN y otras universidades y está a su vez haga frente a una organización que luche por transformar la sociedad y enterrar este régimen de horror y miseria que cobra la vida de miles de mujeres, trabajadores y jóvenes.

Compañeras las invitamos a conformar la Liga de Mujeres Revolucionarias, a luchar contra la violencia machista, la violencia del Estado y la del Capital.

Compañeros luchemos juntos en las Juventudes Marxistas por un programa que luche contra la precarización laboral, contra las exclusiones escolares, la violencia y desapariciones forzadas de jóvenes.

Compañeros luchemos en la Izquierda Socialista y pongámosle fin a esta pesadilla sin fin.

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