Romero Deschamps renunció – terminemos con el yugo y control del charrismo sindical

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La noticia ha resonado a nivel nacional, el líder corrupto del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) ha presentado su renuncia a la secretaría general durante una reunión celebrada este miércoles 16 de octubre.

El capitalismo mexicano chorrea corrupción por todos sus poros

Carlos Romero Deschamps no solamente fue una pieza clave en el control de los trabajadores petroleros, sino también en los actos de corrupción y transferencia de recursos ilícitos durante los gobiernos del PRI y el PAN, su renuncia al frente del STPRM se da en el marco de diversas denuncias y detenciones en contra de algunos funcionarios del gobierno de Enrique Peña Nieto.

Apenas el 5 de julio del presente año la Fiscalía General de la República (FGR) ordenó la detención de Emilio Lozoya Austín, quien fungiera como director general de Petroleos de México (Pemex) durante el sexenio pasado encabezado por Enrique Peña Nieto, la causa: el aceptador sobornos por cerca de 10.5 millones de dólares, por parte de la transnacional Obredetch, a cambio de que la empresa brasileña obtuviera jugosos contratos. Además se le suma la detención de otra alta funcionaria ligada al peñismo, Rosario Robles, quien fuera Secretaria de Desarrollo Social y del abogado de Enrique Peña Nieto, Juan Collado. La primera es acusada de participar en la denominada Estafa Maestra, una red de corrupción extendida en diversas instituciones del Estado que desvió recursos cercanos a los 236 millones de dólares en la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) e incluso en algunas universidades públicas. 

En el caso de Juan Collado, se le acusa de enriquecimiento ilícito y blanqueo de dinero, recientemente se dio a conocer que Andorra embargó algunas de sus cuentas bancarias por el concepto de 76.5 millones de euros, una parte de este dinero fueron transferidos seis días antes de ser detenido.

Con la renuncia de Romero Deschamps se va cerrando el círculo en torno a Enrique Peña Nieto.

La FGR presentó dos demandas en contra del dirigente sindical por desvío de recursos y enriquecimiento ilícito, además recordemos que arrastra denuncias por corrupción desde el denominado Pemexgate, en el que se acreditaron que millones de pesos fueron desviados del fondo del sindicato de Pemex a la campaña presidencial del entonces candidato priista, Francisco Labastida Ochoa. 

La renuncia se esperaba ya desde hace algunos meses. El férreo control que mantiene el PRI y el mismo Romero Deschamps hacia el sindicato petrolero entra en contradicción con los planes del gobierno de la 4ª Transformación respecto a la industria petrolera. Algunos periodistas incluso afirman que existió un proceso de negociaciones entre el ex dirigente petrolero y la actual Secretaria de Gobernación, Olga Cordero, para que abandonara el cargo y diera paso a una nueva elección de la dirigencia del sindicato mediante el voto libre y secreto.

Así, el gobierno de la 4ª Transformación realiza un movimiento de pinza con la renuncia de Romero Deschamps, se le jubila para romper de alguna manera su control personal y de su partido sobre los trabajadores petroleros y continúa enviando mensajes al entorno de Enrique Peña Nieto y a los sectores de políticos y empresarios que le han declarado la guerra al nuevo gobierno, o acuden a la mesa de negociación que siempre está puesta o pasarán por las frías celdas de las cárceles mexicanas.

Todos los casos que hemos mencionado, han mostrado la punta del iceberg de la corrupción sucedida durante los gobiernos del PRI y el PAN, cuyos funcionarios recibieron jugosos sobornos a cambio de favorecer a determinado grupo de capitalistas que buscan establecer o mantener sus negocios en el territorio nacional. El binomio capitalismo – corrupción ha sido la constante desde la consolidación del Estado mexicano.

Carlos Marx y Federico Engels hace más de 150 años escribieron en el Manifiesto del Partido Comunista que los gobiernos no son más que una junta que administra los negocios comunes de la clase burguesa. Para el caso de México esa reflexión es cierta, sin embargo esa junta de administración en nuestro país siempre ha exigido una buena tajada del pastel, mediante sobornos y los famosos moches. El sistema capitalista mexicano chorrea corrupción por todos sus poros, incluso por los más pequeños.

Desde el siglo pasado los representantes de la burguesía han recurrido a esas prácticas. Robar es sinónimo de carrancear, en honor Venustiano Carranza, dirigente del ala burguesa de la revolución mexicana; en los inicios de la consolidación del Estado mexicano Álvaro Obregón afirmaba que no existía general que aguantara un cañonazo de 50 mil pesos; durante décadas el PRI representó no solamente el corporativismo, el partido – gobierno, el autoritarismo, sino que sostuvo al sistema político mexicano con base al soborno y la corrupción, situación que heredó a los dos gobiernos panistas. La frase favorita del político Carlos Hank Rhon resume de forma ejemplar la forma en que la burocracia estatal le arrebataba una buena tajada de pastel a la burguesía, y que además exigía entrarle al proceso de acumulación de capital: “un político pobre, es un pobre político”.

El sistema político y el Estado mexicano es consecuencia de un capitalismo débil y atrasado y una burguesía parasitaria. El poder lo controlaba una pesada burocracia corrupta, y se canalizó el malestar de las masas obreras y campesinas hacia cauces institucionales y seguros, se les incorporó al partido oficial, se les cooptó y se les dio enormes prebendas a sus dirigencia y se reprimió a las disidencias, a tal grado que los dirigentes sindicales desarrollaron intereses propios que se identifican con los de la burocracia estatal corrupta.

El fenómeno del denominado charrismo sindical, se desarrolló con base a la incorporación de los sindicatos al PRI, al Estado, el repartir algo del poder político entre los dirigentes, con la finalidad de mantener controladas a las masas obreras y campesinas. Los charros sindicales han defendido, y defienden los intereses de la patronal y el Estado, porque han obtenido privilegios, algunos muy grandes, con base al control de los trabajadores.

El sistema político mexicano y el Estado burgués se consolidó con base a una escandalosa corrupción, el control que se exigía hacia las masas trabajadoras tenía que recaer sobre dirigentes que repitieran el mismo comportamiento que la burocracia estatal corrupta y autoritaria. 

La ruptura con el charrismo sindical es un primer paso para fortalecer la organización independiente y llevar acabo el objetivo histórico de la clase trabajadora, la lucha contra el capitalismo.

El charrismo sindical elemento de control burgués

El espécimen sindical Carlos Romero Deschamps contiene todo el ADN de los viejos dirigentes sindicales. Algunas anécdotas de las primeras organizaciones sindicales auspiciadas desde la cúpula gobernante, recuerdan que cuando al dirigente de la poderosa pero semi-oficialista Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) Luis N. Morones, algunos sindicalistas disidentes le cuestionaban los lujos, excesos y riquezas, cínicamente contestaba qué “el ser obrero no implicaba que tuviera que vivir en la pobreza”. Tuvimos fenómenos espantosos como el viejo Fidel Velázquez al frente de la Confederación de Trabajadores de México, que defendía fehacientemente al régimen político y jactaba que a “balazos llegamos, y los votos no nos sacarán”. Verdaderos gánsters, pandilleros sindicales, que se enriquecían (y algunos lo siguen haciendo) a costa de mantener controlados a los trabajadores vía las organizaciones sindicales oficiales. De este mundo es del que surge el corrupto Carlos Romero Deschamps, que durante mucho tiempo fue parte importante del Estado mexicano, de su régimen político y garantizó a la burguesía sus negocios, a costa de exigirle una buena tajada del pastel.

Carlos Romero Deschamps es un fiel representante lo que en México denominamos charrismo sindical, nada tiene que ver con los intereses de un trabajador u obrero mexicano, su estilo de vida va más allá de los ingresos que su posición en el sindicato petrolero o como senador del PRI le permiten.

En 1969 ingresó a trabajar a Pemex, en la Refinería de Salamanca, Guanajuato, ha estado activo en el PRI desde 1961, comenzó su actividad sindical en la expresión oficial del sindicato en la Sección 24, donde conoció y coincidió con el entonces dirigente petrolero Joaquín Hernández Galicia alías “La Quina”, tras el encarcelamiento de este dirigente petrolero en 1989 por parte de Carlos Salinas de Gortari, con la finalidad de ganarse legitimidad tras un escandaloso fraude electoral y para asegurarse el control del sindicato petrolero, Deschamps escaló a la secretaria general del sindicato de la mano del salinismo.

Aplicó una feroz represión a la disidencia del sindicato petrolero, mediante amenazas, golpes, acoso laboral, persecución laboral. Golpeadores a su servicio aseguraban el control casi absoluto del sindicato y garantizaban las elecciones a favor de sus incondicionales y su propia reelección.

En innumerables ocasiones fue acusado de actos de corrupción y de favorecer a los candidatos del PRI con el dinero y recursos del STPRM, el caso más conocido fue cuando en el año 2000 transfirió 640 millones de pesos de los fondos del sindicato a la campaña del entonces candidato Francisco Labastida Ochoa.

Su riqueza incluye mansiones y carros de lujo, además, sin duda de una buena fortuna en sus cuentas bancarias. Su poder y riqueza lo consiguió mediante actos de corrupción, desvío de dinero de Pemex y ofertando apoyos a los gobiernos del PRI y posteriormente del PAN. Sus hijos constantemente presumen sus viajes en jets privados, autos de lujo o departamentos en Miami, algo que ni en sueños un obrero mexicano puede aspirar.

Romero Deschamps representa una distorsión monstruosa de los líderes sindicales mexicanos. No solamente debe renunciar a la dirección del sindicato petrolero, sino que debería ir a la cárcel.

Tareas inmediatas del movimiento democrático sindical y el movimiento obrero

Si bien el gobierno de López Obrador no representa un cambio radical a favor de la clase trabajadora, si representa una ruptura respecto a algunas políticas de los anteriores gobiernos burgueses. La crisis del charrismo sindical, fiel mayoritariamente al PRI, ha profundizado su crisis con el nuevo gobierno. Algunos intentan acercarse, negociar y asumir el discurso de la 4a. Transformación, otros saben que su control sobre los sindicatos tarde o temprano terminará.

El STPRM es el más poderoso del país, sobre los hombros de los trabajadores de la industria petrolera recae el 6.6% del Producto Interno Bruto del país, con una producción de cerca de 1.7 millones de barriles de petróleo diarios, en la actualidad.

El control férreo sobre el sindicato no es casual, la burguesía y sus gobernantes desean limitar el poderío de ese sector de la clase obrera, además que durante muchos años Pemex fue la “gallina de los huevos de oro”, con la cual los gobernantes en turno se enriquecían.

Todo ese poder recae sobre poco más de 100,000 afiliados del sindicato, ahí se refleja el poder real de la clase obrera, el cual no se encuentra en su número, sino en el rol que juega en la producción. Un movimiento masivo de los trabajadores petroleros en las calles doblegaría a la clase dominante y a sus representantes políticos en poco tiempo.

Romero Deschamps le ha transferido la secretaría general al también priista Manuel Limón Hernández, secretario del interior del sindicato, quién no representa ningún cambio fundamental.

Los trabajadores petroleros, comenzando por sus grupos disidentes, deberían rechazar esa maniobra burocrática y convocar de inmediato a una Convención Nacional Petrolera para preparar la elección democrática de un nuevo dirigente que represente verdaderamente los intereses de la clase trabajadora y sustituir a la vieja burocracia rancia y corrupta del sindicato.

La puerta se ha abierto por arriba, los trabajadores de todos los sectores, la juventud consciente debemos estar atentos y prepararnos para solidarizarnos con los sectores de los trabajadores petroleros que comenzarán a reclamar la recuperación de su organización para ponerle fin a décadas de corrupción.

La ruptura con el agonizante charrismo sindical y el sacudirse del yugo del Estado, es un primer paso para la organización independiente de la clase trabajadora que a su vez abrirá oportunidades para extender la organización política revolucionaria que los trabajadores necesitamos para luchar contra este sistema y su régimen corrupto.

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