Muertes por Covid-19 en las calles de Ecuador; el fatal resultado de la crisis capitalista

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La provincia ecuatoriana de Guayas se ha convertido en la zona cero para el coronavirus en América del Sur. Su capital, la ciudad de Guayaquil, tiene un número de casos muy desproporcionado con respecto a su tamaño. Es el hogar de la mayoría de los casos y muertes diagnosticados del país. Hay cadáveres en las calles y otros en ataudes de cartón. La responsabulidad es de la neglicencia del gobierno y la crisis del capitalismo.

La pandemia del coronavirus ha desencadenado una recesión mundial, el capitalismo se enfrenta a la peor crisis de su historia. El FMI anunció que el mundo enfrenta la peor crisis económica desde la Gran Depresión de la década de 1930. Según la entidad las naciones en desarrollo están en alto riesgo. Para empezar, con sistemas de salud más débiles, muchos enfrentan el terrible desafío de combatir el virus en ciudades densamente pobladas y barrios marginales afectados por la pobreza, donde el distanciamiento social no es una opción. Con menos recursos para comenzar, están peligrosamente expuestos a los continuos choques de la oferta y la demanda, el endurecimiento drástico de las condiciones financieras, y algunos pueden enfrentar una carga de deuda insostenible.

En América Latina la pandemia de covid-19 se ha intensificado en las ultimas semanas. La provincia ecuatoriana de Guayas se ha convertido en la zona cero para el coronavirus en América del Sur , con más casos reportados allí que en muchos países latinoamericanos en general. Su capital, la ciudad de Guayaquil, es el área metropolitana más poblada del país, pero su número de casos es muy desproporcionado con respecto a su tamaño. Es el hogar de la mayoría de los casos y muertes diagnosticados del país.

Y con las morgues llenas más allá de su capacidad, el gobierno organizó camiones refrigerados como morgues improvisadas. Con las funerarias diciendo que no solo estaban fuera del espacio, sino también de ataúdes, las autoridades comenzaron a distribuir cientos de ataúdes de cartón para manejar el desastre.

Hasta el lunes por la mañana, Ecuador , que tiene una población de 17 millones, ha tenido 7,466 casos de Covid-19 con más de 300 muertes, según la Universidad Johns Hopkins .Pero el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, admitió que las cifras reales son mucho más altas, alegando que las pruebas limitadas han hecho que sea casi imposible determinar con precisión el número total de personas infectadas.

Pero más allá de la ineptitud del gobierno, esta manera de manejar la crisis no corresponde a una falencia accidental del gobierno, ni resulta ser coincidencia alguna. Es la consecuencia directa de una política deliberada que responde a los intereses de nuestras élites políticas y económicas, los ‘vende patria’.

Las cartas de intención firmadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), etc., dictan la política interna del país, Ecuador no tiene soberanía alguna. Condicionan a Ecuador a recortar la salud, la educación, los puestos públicos y demás “gastos superfluos” del Estado. El capitalismo mata. Las masas mostraron su gran descontento con el sistema capitalista durante el levantamiento insurreccional de Octubre. Y el presidente tiene los peores ratings desde su comienzo hace tres años. El gobierno nacional se aventuró al contrario que su predecesor a una crisis auto-inducida, justificando los recortes con meros formalismos con la administración anterior, como suele ser tan común en el Estado burgués. El “neoliberalismo” predica una estatalidad mínima, replegando la asistencia pública y social a lo absolutamente fundamental, privatizando áreas de competencia del Estado, y relegándolas al amparo y cuidado de la empresa privada. En tiempos de crisis, llegamos a conceptualizar la dimensión real a la que conllevan decisiones de índole política de tal naturaleza, y nos damos cuenta de que el sector privado jamás podría suplir el derecho humano que presupone el acceso a una salud pública digna y eficiente.

Pero la deuda externa sí se paga, mientras las calles se llenan de muertos y el grito desolado de miles de ecuatorianos por sus seres queridos se hace saber. La derrota de Octubre la pagamos con cajas de cartón y persecución a los que deciden hablar de lo mal que el gobierno gestiona la crisis.

¿Que esperamos de un gobierno que impunemente tiraba a gente de puentes en Octubre? Un gobierno que traicionó una vez más a su pueblo vendiendo la crisis como un plan para desestabilizar al gobierno orquestado por el ex mandatario Rafael Correa.

El gobierno se ha encargado en los últimos tres años de desmantelar todo lo que logramos con un gobierno de izquierdas. El contraste entre el gobierno actual y el anterior se puede ver con la crisis de fiebre porcina del 2009. El gobierno de Rafael Correa no tuvo ningún reparo en tomar medidas sanitarias para socavar la enfermedad. «Está identificado, está controlado, no hay problema» Correa dijo que «estamos controlando todo, bastante bien; se han tomado todas las precauciones» y añadió que «lamentablemente ya tenemos el primer caso en Ecuador, en Guayaquil». El primer caso reportado decía la ministra Chang “tenemos más de 53 alarmas (casos sospechosos) que han sido atendidas. Hasta el momento más de 45 ya (están) descartadas y estamos esperando los resultados” de los otros casos. El caso del niño (el primer caso en el país) “es el único caso confirmado por laboratorio”, añadió.

Muy diferente a como el gobierno actual esta manejando la crisis. Guayaquil tuvo el primer caso confirmado de coronavirus en Ecuador el 29 de febrero, y solo se aplicaron medidas de distanciamiento social más de dos semanas después.

En efecto, el sistema de salud público fue debilitado durante el Gobierno de Lenín Moreno por los continuos recortes de recursos económicos. En el país la inversión en salud pasó de USD 306 millones en 2017 a USD 201 millones en 2018 y USD 110 millones en 2019, demostrando una tendencia descendente. Esto implica una disminución de la inversión en Salud entre 2017 y 2018 del 34% y después otra disminución adicional del 36%. Adicionalmente, entre el año 2018 y el 2019, el gasto en el sector disminuyó en aproximadamente USD 66 millones.

Las medidas de ajuste y de austeridad implementadas por el Gobierno en la práctica significaron menor gasto en infraestructura e insumos destinados a salud, a lo que se suman despidos de una buena parte del personal médico, limitando la capacidad de atención.

A esto hay que sumar la inestabilidad en la conducción de la cartera de Estado de Salud, teniendo tres ministros en el frente en tres años de gobierno; el último asumió el mando en plena crisis sanitaria. De haber continuado con la política del anterior Gobierno de construir hospitales -y en general de construir un sistema de salud público robusto-, se podrían haber destinado algunos de ellos exclusivamente para atender los casos de coronavirus.

El 21 de marzo, luego de casi nueve meses en el cargo, la ministra de Salud, renunció. En su carta dirigida a Lenín Moreno, Andramuño señaló que pese a que el MSP se preparó desde diciembre del 2019 para la crisis que vive el Ecuador, “enfrentar una emergencia sanitaria sin recursos es complicado”. Andramuño afirmó que no se recibió ninguna asignación presupuestaria para el manejo de la emergencia por el COVID-19, por lo que presentó su renuncia irrevocable al cargo. Después de Guayaquil, el segundo lugar donde hay más contagiados en la provincia es en Samborondón, un barrio de clase social alta. El foco de infección fueron los ricos.

A esto hay que señalar que, de acuerdo a cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), a diciembre de 2019, Guayaquil es de las principales ciudades del país donde se registra una mayor tasa de pobreza (11,2%) y con una amplia población vinculada al sector informal. Según datos de la Alcaldía de esta ciudad, en Guayaquil hay al menos 50.000 vendedores ambulantes (Quito que registra alrededor de 11.000). En estas condiciones estructurales de pobreza y precariedad, donde varias familias si no salen a la calle a trabajar simplemente no comen, es comprensible que muchos guayaquileños y guayaquileñas infrinjan la cuarentena.

Como ciudad de casi 3 millones de habitantes un gran segmento de su población es extremadamente pobre: la provincia de Guayas tiene la tasa de pobreza más alta de Ecuador, lo que aumenta la dificultad de combatir la pandemia. El último censo en Ecuador encontró que más de uno de cada cuatro residentes en Guayas no tiene acceso a agua corriente.

El ministro de Economía Richard Martínez enfatizó que al gobierno “le encantaría” contar con recursos económicos para desplegar la ayuda con la rapidez y magnitud con la que lo están haciendo países como Chile, Perú o Colombia, pero explicó que “el rango de maniobra es extremadamente limitado” para Ecuador, dice después de haber pagado a sus acreedores del Norte. En cuanto al mapa económico del país, informó que Ecuador tiene grandes restricciones: no tiene ahorros públicos, no tiene reservas internacionales suficientes, no tiene acceso a los mercados y no puede expandir el crédito si no recibe dólares del exterior.

Desde el Gobierno central, con un presidente literalmente escondido y con el vicepresidente Otto Sonnenholzner en plena campaña para las elecciones del 2021, culpan del crecimiento exponencial de las cifras de contagiados a las y los guayaquileños por no respetar la cuarentena. También atribuyen la creación de noticias falsas (fake news) a los correístas, como parte de una estrategia recurrente –culpar de todos los males al correísmo– que no tiene ya ningún efecto en la población. Tal justificación sólo demuestra dos cosas: o están mintiendo o son incapaces; quizás ambas. El presidente, ante la evidencia en redes sociales de la realidad de lo que sucede en Guayaquil, se vio forzado a decir que “por más doloroso que sea se deben transparentar las cifras de fallecidos y contagiados por el coronavirus en el Ecuador”, y al vicepresidente no le quedo más que “pedir disculpas”. Pareciera, entonces, que la realidad es mucho más sombría de lo que dicen las cifras oficiales y que el Gobierno no tiene claridad sobre el número de contagiados y fallecidos a causa del coronavirus. Es por esto que no sorprende, entonces, que sólo un 14 % de las y los ecuatorianos apruebe la gestión de Moreno, es el mandatario peor evaluado de la región.

Es claro que la principal medida implementada por el gobierno: el “Quédate en Casa” no era ni es suficiente sin un plan de acción complementario que le permita a la población más vulnerable acceder a alimentos, medicinas y servicios básicos, entre otras necesidades para su supervivencia. Tampoco es posible una cuarentena social exitosa sin que el Gobierno reasigne los recursos necesarios al sector Salud para atender eficientemente la emergencia sanitaria y adquirir pruebas de diagnóstico del coronavirus.

Las pocas pruebas que se pueden realizar ni siquiera son gratuitas y, en muchos casos, los pacientes tienen que pagar un alto precio por ellas (USD 80 dólares si el paciente tiene orden de un médico público y USD 120 dólares si tiene orden de un doctor privado).

El presidente Lenín Moreno anunció una serie de medidas económicas con el fin de afrontar la situación fiscal del país durante la emergencia sanitaria por el coronavirus.Propuso crear una cuenta nacional de asistencia humanitaria «para asegurar la atención de la salud, la provisión de los alimentos y la protección de empleos».

Según el plan, esta cuenta estará bajo la administración de representantes de la sociedad civil que contarán con sus ingresos. Este fondo tendrá dos fuentes: pagos de empresas y pagos de ciudadanos. De esta manera, las empresas que ganaron al menos un millón de dólares «aportarán el cinco por ciento de esa utilidad, en tres pagos mensuales».

La CONAIE considera que estas medidas demuestran un gobierno incapaz de garantizar bienestar social y económico al pueblo. Las medidas del presidente no tocan a los empresarios. Lo dice el mismo: estas medidas “tienen como objetivo impulsar acuerdos para mantener y defender la producción, el empleo y la dolarización…La única manera de reactivar la economía es llegar a acuerdos justos. Es el momento de salvar las empresas y las fuentes de trabajo que tendrán todo el apoyo desde el estado.” Se han vulnerado los derechos de miles de trabajadores en el país. La crisis solo demuestra las garras de las elites ante un barco que se hunde.

Horas después de la Cadena Nacional de Richard Martinez, la empresa de grifería y cerámica, EDESA S.A., envió a media noche un correo electrónico con la notificación de despido a cientos de trabajadores. Los trabajadores sin tener ninguna otra opción, infringieron la cuarentena y se plantaron fuera de la empresa para protestar estas medidas. Y extrañamente esta mañana la empresa amaneció resguardada con policía antimotines. Todo esto esta documentado en las redes sociales. Tampoco las medidas imponen impuesto a banqueros, el sector con más ganancias del año pasado. No se impone impuestos a personas con fortunas superiores al millón de dólares. Son cerca de 500 familias con capitales cercanos a los 16.000 millones de dólares

Este es solo es el principio de una crisis que vera a miles de ecuatorianos entre la espada y la pared. ¿Comer o quedarse en casa? Este gobierno es cómplice de los despidos y el irrespeto a los derechos laborales en el país.

¿Que papel juega la clase obrera en la crisis?

Mostramos nuestra cara mas revolucionaria en Octubre y esta vez no será diferente. La clase obrera se organiza intuitivamente. Ante toda la incertidumbre e ineficacia del gobierno, la clase obrera tiene las respuestas. Campesinos y productores han entrado a Guayaquil para acabar con los altos precios de los alimentos. Las brigadas campesinas han movilizado decenas de camiones entre provincias de todo el país para abastecer de alimentos a los sectores populares. La Brigada Campesina, que nace de una alianza entre el Movimiento Nacional Campesino – FECAOL y la ASOTRASET (Trabajadores del Transporte),también inauguró un CENTRO DE ACOPIO en la ciudad, para luchar contra los intermediarios, quienes han aprovechado la crisis que vive el país para subir los precios. Juntos desde la organización social y popular, superaremos la crisis alimentaria, sanitaria, económica y política. No es el gobierno de los banqueros, capitalistas y terratenientes el que toma la iniciativa es la clase obrera la que se une.

En síntesis, la falta de identificación temprana, la no aplicación de pruebas masivas, la deficiente gestión del Gobierno ante la crisis, sumado al desmantelamiento del sistema de salud pública, son los elementos que permiten entender lo que ha ocurrido en Ecuador.

Aunque la pesadilla está lejos de terminar, la lección que nos deja, hasta el momento, la pandemia del COVID-19 es que el capitalismo nunca va a poder suplir estas necesidades.

La organización popular y el destino de los recursos del estado deben estar para a mejorar las condiciones de salud y no al pago de la deuda externa, una economía planificada derivada de un control colectivo de los medios de producción. Nosotros como Marxistas no planteamos reforzar el Estado (aunque haya gobiernos de «izquierda») planteamos su destrucción total.

Es claro que el gobierno de Lenin no tiene ningún control de la contingencia sanitaria. El FMI tiene el control del país, por eso Ecuador sigue pagando la deuda externa mientras la gente muere en las calles y algunos sectores como el campesino organizan brigadas de alimentos.

  • Alto al pago de la deuda externa y que ese dinero que destiné al sector salud
  • Gratuidad en las pruebas de Covid-19,
  • Expropiación de los grandes bancos, empresas y terratenientes para que los recursos creados con el sudor de trabajadores y campesinos se utilicen para las necesidades de la mayoría
  • Garantizar una atención médica digna para la clase trabajadora, campesina e indígena en Ecuador.

¡No más muertes en las calles!

¡Salud social para combatir la pandemia!

¡No al pago de la deuda externa!

¡Abajo Lenin Moreno, por un gobierno de los trabajadores!

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