La organización de las y los estudiantes de CCH Vallejo avanza para combatir el acoso

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El día miércoles 11 de marzo, se realizó una asamblea en explanada central, aproximadamente a las 12:30 hrs., dónde participaron los tres sectores de la comunidad universitaria: maestros, estudiantes y trabajadores del Colegio de Ciencias y Humanidades, plantel Vallejo.

La problemática de violencia de género y acoso sexual en la universidad se ha visto en aumento y pareciera no tener fin. Cada vez son más las mujeres estudiantes y trabajadoras, que a diario sufren agresiones sexuales por parte de profesores, compañeros y autoridades. Claro está que la violencia no es exclusiva de la UNAM, sino que es la pura descomposición social reflejada en la universidad. En este sentido, es una problemática que nos aqueja a estudiantes, mujeres, trabajadores y cualquier persona perteneciente a la clase obrera.

Las y los compañeros que nos organizamos en las Juventudes Marxistas fuimos partícipes de este proceso, armamos comisiones para salonear, donde se invitaba a los estudiantes a que asistieran a la mesa de diálogo con directivos que se llevaría a cabo a las 12:00 hrs. en explanada, acerca del seguimiento de la respuesta al pliego petitorio. Ésta mesa nunca se realizó, ya que nunca hizo acto de presencia la directora del plantel. Seguido de esto se dio inicio a la asamblea.

Dentro de CCH Vallejo existe la violencia y las autoridades no lo pueden tapar con el dedo; sabiendo así que los protocolos y las medidas que toman directivos y jurídico son ineficientes, y solo optan por cambiar de grupo a profesores que han tenido acusaciones, suspenderlos algunos días e incluso decir a las compañeras: «Espérate, ya casi sales. No tiene caso que denuncies». Este tipo de prácticas de las autoridades van orientadas a ignorar las denuncias formales, el conocimiento real y comprobado de maestros acosadores. No implementan una sanción real, abonan al ambiente que en la UNAM se tiene, de rabia justificada y sólo son como leña al fuego de la lucha.

No es raro que en la asamblea todo se orientará a denunciar públicamente a profesores y trabajadores y gritar de nuevo que las que van a denunciar se les revictimiza y no se les da acompañamiento integral. No es raro que la asamblea ubicara a uno o dos maestros con más denuncias formales e informales. Que frente a la necesidad de dar una respuesta y castigo, la asamblea les exigiera su renuncia y la expulsión del plantel.
Al profesor Teófilo, presente en la asamblea, una estudiante lo miró a la cara y le dijo: “Yo tenía miedo de denunciar, por qué sabía que no iban a hacer nada, por qué si usted se enteraba me iba a reprobar y sufriría hostigamiento, pero hoy estoy aquí y de frente le digo: usted es un acosador y basta de esto en la universidad”.

El micrófono quedó abierto, y cada vez se iban sumando más compañeras que denunciaban al profesor Teófilo Peña de biología. Varias veces ha aparecido el nombre de éste profesor en los tendederos de denuncias y toda la comunidad sabe que tiene prácticas machistas y violentas. En esta asamblea se exigía la renuncia de este profesor y las autoridades quedaban como testigos que no se quiere nunca más su restitución. En particular hubo una alumna que dirigiéndose hacia el profesor Teófilo hizo su denuncia pública, exigiendo a este que la volteara a ver y renunciara, en el fondo se oía a toda la comunidad al grito de: «¡Yo si te creo!». Igualmente una profesora tomó el micrófono y denunció acoso y hostigamiento por parte de 3 personas del personal de directivos. A lo largo de la asamblea hubo otras alumnas que valientemente pedían la participación y denunciaban.

La asamblea tomo un carácter de juicio colectivo con toda la autoridad y poder político de decidir qué hacer y tomar acciones. Se le pidió la renuncia al profesor y dirigir éste caso a jurídico, que se redactara el documento de su destitución. Finalmente los estudiantes sacaron al profesor del plantel gritando consignas como: «¡Fuera acosadores de la UNAM!».
Por último se organizaron comisiones dónde acudieron al MP a interponer las denuncias legales.

La asamblea fue colectiva dónde no solo participaron grupos minoritarios ni mucho menos sectarios, sino todo lo contrario, participó toda la comunidad estudiantil (mujeres y hombres), gracias a esto y a la presión colectiva, fue que hicimos que el profesor renunciara. Fue una salida triunfante para nosotros, esta es una muestra de lo que la organización estudiantil puede resultar y estos son pequeños pasos.

¿Cómo combatir la violencia y el acoso en la UNAM?

La presión colectiva que se hizo para la destitución de un maestro fue la última salida que los estudiantes vieron en sus manos como forma de combatir la violencia y, sobre todo, darle un giro a la izquierda a las autoridades ineptas que solo encubren los casos de acoso y no mueven ningún dedo. Contario a otras prácticas del feminismo y el separatismo, que optan por el punitivismo, el linchamiento y las acciones aisladas como el famoso “scracher” dónde un grupo de chicas reducido, ubican a la persona acusada de acoso, van a dónde sea que se encuentre, lo ridiculizan y expulsan en ese momento de manera simbólica para después comenzar un proceso de hostigamiento, lo que no resuelve el problema de raíz, sino que genera una histeria y miedo entre los miembros masculinos de la comunidad en general. A eso le apuesta el punitivismo y el separatismo, a generar terror, lo que no sólo cuarta la participación política de hombres sino también de mujeres que no estén de acuerdo con esas prácticas.
Lo que sucedió en Vallejo está muy lejos de ser una práctica de linchamiento, más bien podríamos ubicarlo en un juicio popular, estudiantil, una acción de masas totalmente justificada. Al profesor expulsado (que ya contaba con varias denuncias) jamás se le humilló o se le ridiculizó. Es más, las chicas valientemente lo encararon y denunciaron. Claro que, frente a este acosador evidente, la asamblea exigía una respuesta y esa fue que el profesor renunciara y fuera destituido. Las autoridades estuvieron presentes, ellos lo protegieron y jamás existió un acto de violencia hacia a él u otro maestro.

Ahora exigimos que las autoridades comiencen el proceso legal para formalizar la destitución de este profesor. Las asambleas colectivas entre la comunidad universitaria gozan de toda libertad de reunión, de un total carácter resolutivo y son una necesidad latente ante las instancias como jurídico, o dirección.
Ahora bien ¿La renuncia y expulsión de un maestro terminará con la violencia de género y el acoso en el plantel? ¿Haremos juicios populares a cada uno de los maestros señalados? Creemos que esto no resuelve de raíz un problema resultado de un sistema en putrefacción.

La demanda contra la violencia y el acoso es una demanda revolucionaria que no se resuelve con protocolos en papel sino destruyendo las relaciones sociales bajo el capitalismo que mantienen la opresión más cruda hacia la mujer. Es necesaria la organización unificada de la comunidad.

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