Diego Armando Maradona: rompiendo el juego de la manipulación

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Alguna persona muy respetable dijo un día que el futbol es el opio moderno del pueblo y en muchos sentidos esto es cierto, no por el juego mismo, sino por la utilización que el sistema hace de un deporte tan básico que se puede jugar, haciendo una bola de trapo, en un campo de césped o en un charco de lodo. El capitalismo convierte a un deporte tan universal en un negocio global y en ese contexto suele suceder que se soslayen las manifestaciones populares vinculadas con él.

Diego Armando Maradona, nacido en 1960 y muerto apenas este 25 de noviembre de este 2020, sufrió también este trato utilitario.

Maradona, en los años setentas, era un niño que aspiraba a jugar en primera división, jugar un mundial y ser campeón del mundo, por sus cualidades debutó en la primera división ya en 1976 a los 16 años, en plena época de la dictadura militar que se instauró a sangre y fuego.
Desde el primer momento fue utilizado como un ejemplo para la juventud, para llamar a los muchachos argentinos a que “no se metan en problemas” a que “con disciplina y trabajo se progresa” como llegó a señalar el dictador Videla ante la selección argentina campeona del mundial juvenil de 1979.

En esos tiempos, la alianza entre los medios, la burguesía y el gobierno generó un cerco informativo lo suficientemente grande como para que buena parte de los argentinos, entre ellos Maradona, no tuvieran la certeza de lo que en realidad estaba pasando.

En ese contexto Maradona era el héroe de un equipo pequeño, Argentinos Juniors, que humillaba a los grandes, hasta que en 1981 pasó a Boca Juniors. La dictadura cada día se sumía en una crisis muy profunda y los militares encontraron en la guerra de las Malvinas un salvavidas muy momentáneo.
Todos, incluso algunos sectores de la izquierda que se dicen trotskistas, se sumaron al entusiasmo con un enorme fervor patriótico a la guerra de las Malvinas y así fueron a morir cientos de jóvenes proletarios argentinos, porque como en todos los casos la guerra, la declaran los poderosos y la sufren los pobres.

Y la selección argentina, ya con Diego al frente, se lanza a la aventura del mundial del 82 como si fuera otro frente de la guerra patria, y ni Diego ni la selección pudieron con la presión. En esa generación de futbolistas, como en la mayoría de la población argentina, se generaba un shock, una ruptura, especialmente cuando la dictadura claudica vergonzosamente frente a Inglaterra.

La dictadura no soportó más y el año siguiente tuvo que convocar a elecciones, de forma simultánea Maradona entraba en conflictos con la directiva del Barcelona que sólo se resolvió con su traspaso al Nápoles, otra vez a volver a empezar en un equipo que cada año disputaba el descenso.
Parecía que, como la Argentina, Maradona tenía que volver a empezar otra vez desde abajo luchando contra los grandes y los privilegiados del norte.

Nadie creía en el Nápoles, tampoco en Argentina, que con su gente trabajadora empezaba a levantarse de las ruinas, a empezar a buscar a los desaparecidos y a los hijos de los desaparecidos. Tampoco había muchos que apostaran algo por su selección no obstante al igual que en el Nápoles, logró sobreponerse a las circunstancias y llegó a hacerlos campeones.

En 1986, toda una generación de jóvenes vimos como una cuestión personal el partido de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra, lo vimos como un asunto antiimperialista. Era solo un partido, pero tomamos parte del juego, y los dos goles de Maradona nos hicieron sentir como si la pelota la empujáramos todos, el primero con la mano y el segundo con el pie, a pesar de la lluvia de patadas.

Era el pináculo de su carrera, el consenso total, y así pasaron los últimos años de los ochenta hasta que llegó el mundial de 1990, cuando la mafia napolitana decide que basta ya del poder de Maradona en aquella ciudad. Esto se dio especialmente en el contexto de los acontecimientos del mundial de aquel año.

De forma simultánea a la decisión de la mafia napolitana de hundir a Maradona se sumó la determinación de la FIFA para anular la autoridad moral que ejercía en el mundo del futbol. El truco era simple, sembrar una trampa para poder utilizarla en su contra cuando fuera preciso y esa trampa fue la cocaína.

Maradona fue casi expulsado de Italia pero pasando unos años estuvo nuevamente de regreso. El proceso fue difícil pero, ya en franca rebeldía en contra de la dirección de la FIFA, esta de regreso para 1994. Sin embargo, no le permiten avanzar más. En medio del mundial de 1994 se le suspende en una de las circunstancias bastante cuestionables. Tanto así que las cantidades reportadas en su antidoping para las fechas actuales son normales en distintos medicamentos para la gripe, no son consideradas como dopaje. Ahí termina la historia del deportista, pero en el fondo nace como un referente político de izquierda. Especialmente, cuando luego de otra nueva crisis de drogas en 2000, vive un periodo de recuperación en Cuba.

Fidel Castro entendió muy bien la trascendencia política de la actitud contestataria de Diego y la estimuló. A partir de entonces, políticamente Maradona se posiciona siempre en torno a las afinidades de Fidel ya sea con Hugo Chávez, Evo Morales o los Kirchner.

Los años pasaron y Maradona no pudo recuperarse del todo de sus adicciones que en última instancia lo derrotaron este 25 de noviembre de 2020, tampoco pudo desprenderse de actitudes violentas hacia sus exparejas y hacia las mujeres, lo cual por su puesto los marxistas nos oponemos y luchamos contra este tipo de violencia y opresión. 

Para muchos Maradona será recordado como el mejor jugador de todos los tiempos. Para los grupos de poder una piedra en el zapato de la que por fin ya se libraron. Para millones, Diego es una inspiración para seguir adelante con la esperanza de que una vida mejor, es posible aún a pesar de que todas las circunstancias que se opongan en el camino.

Maradona no quería ser un referente, no quería ser un ejemplo para nadie, simplemente quería jugar futbol y que lo dejaran vivir, pero nunca se lo permitieron. Desde los quince años nunca el mundo le apartó los ojos de encima, el poder lo utilizó como imagen pública y a partir de que se dio cuenta de ello, nunca dejó de expresar su rencor a los grandes poderes fácticos, pero la presión terminó por aplastarlo.

Si existe algo que se llame identidad cultural Latinoamérica, si existe una música que nos identifique, si existen escritores, artistas, pintores, si existe un deporte que nos una y que nos distinga y represente respecto de los países capitalistas dominantes, si existe todo eso, entonces en ese campo se encuentra Diego Armando Maradona. Acá, en el campo de los jodidos, acá con nosotros, está Maradona.

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